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JUEVES DE LA SEMANA XII DEL TIEMPO ORDINARIO

(2 R 24, 8-17 / Sal 78 / Mt 7, 21-29)

Fuertes son las palabra de nuestro Señor en el Evangelio de este día: “No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos”. Deben llevarnos a preguntarnos ¿Vivo como seguidor de Cristo o solamente lo hago con mis palabras?

Y es que encontrarse con el Jesucristo nos debe llevar a la Práctica, es bueno hablar de Jesús, pero él quiere que actuemos conforme a la voluntad del Padre, que quiere que todos las personas nos salvemos y lleguemos al conocimiento pleno de la verdad que hay en amar, como Él nos ama.

El Rey Joaquín, dice la primera lectura, hizo igual que su padre lo que el señor reprueba y ¿Cuál fue la consecuencia de ello? Lo invadieron extranjeros, él se rindió y le robaron todo inclusive también el trono. Esto mismo lo experimentamos todos frente al pecado, cuando caemos y nos invade, creemos que estar derrotados y le entregamos nuestro “trono” de ser salvados.

Pero si estamos construyendo nuestra vida en Cristo, en la roca firme de su amor, no hay más que temer. Ni porque vengan tormentas, se levanten crecientes, ni vientos fuertes, en nuestras vidas, ya que sabemos que el derrotado es el Pecado y no nosotros.

Dejemos que esa certeza que nos da el amor de Dios inspire todas nuestra obras, para no sólo decir: Señor, Señor… sino vivir demostrando que es él quien rige nuestras vidas.

(P. JLSS)