Contacta con nosotros

SÁBADO DE LA SEMANA XI DEL TIEMPO ORDINARIO

(2 Cro 24, 17-25 / Sal 88 / Mt 6, 24-34)

El rey Joas es el niño al que protegieron de ser asesinado por Atalía, al que cuido el Sacerdote Yehoyadá haciéndole posible asumir al trono; él estaba a gusto como muchos de nosotros estamos cómodos en nuestros “tronos”, pero esa comodidad le llevó a la intolerancia, a no aceptar la corrección que Dios le hacía por parte de Zacarías.

Joas no tuvo en cuenta el bien que le había hecho Yehoyadá, permite el asesinato de su hijo Zacarías ¿Qué tanto valoramos la providencia divina? ¿Qué tan agradecido soy con Dios por lo que me da? ¿Aceptamos lo que llega a nuestra vida como un don divino o sentimos que nos lo merecemos todo?

Jesús nos invita en el Evangelio a confiar en nuestro Dios que es un Padre amoroso y providente. Ser conscientes de esto nos llevará a tener la seguridad en que no debemos preocuparnos por el día de mañana, porque éste traerá ya sus propias preocupaciones, lo importante es preocuparme siempre y constantemente por el Reino de Dios.

“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura” nuestro deber es seguir a Dios, servirle a él y no hacer del dinero un ídolo que me distraiga de mi perseverancia cristiana. Pidámosle a Dios la fortaleza proveniente de su amor para no obsesionarnos con el dinero, pero tampoco ser descuidados, sino hacer todo lo necesario diario confiando en que el futuro está en manos de Dios.

No añoremos el pasado (porque ya pasó) ni anhelemos el futuro (ya que éste se construye), vivamos el presente colmado del amor de Dios y disfrutémoslo.

(P. JLSS)