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DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Za 12, 10-1; 13,1 / Sal 62 / Ga 3, 26-29 / Lc 9, 18-24)

“Señor mi alma tiene sed de ti” era la frase que recitábamos en el Salmo responsorial, en el cual se le dice a Dios que todo nuestro ser lo añora, como el suelo reseco añora el agua, ya que es mejor su amor que la existencia misma. ¡Qué hermosas afirmaciones!… pero todo lo que implican.

Hoy se nos invita a reconocer la necesidad que tenemos del Señor en nuestras vidas, también se nos hace la invitación a responder: ¿Quién es Jesús para mí?; en el pasaje del Evangelio que escuchamos el día de hoy Jesús nos pide reconocerle… ¿Cómo?

Dejándonos mover por el Espíritu Santo, espíritu de Piedad y de compasión (del que habla Zacarías) que nos ayuda a reconocer el amor, en el que ha sido traspasado por una lanza. Nadie es más ni menos en el amor de Dios, todos somos por igual hijos amados.

¿Quién dice la gente que es Jesús? ¿Quién dices tú que es él? Y si respondemos como Pedro, debemos tener la seguridad que también nos pedirá reconocerlo en situaciones no tan agradables como la Pasión. Por eso inmediatamente después dice: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga”.

Pidámosle a Dios, que seamos dóciles a su Gracia para poder así reconocer quién es él, de qué manera nos ama, pidamos también su luz para perseverar en la fe y reconocerle aun en situaciones donde pudiera haber oscuridad.

(P. JLSS)

Pidamos por nuestros papás para que el Señor les conceda la sabiduría para realizar tan bella misión. Ya que como dijo Jean Jacques Rousseau. “Un buen padre vale por cien maestros”.