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SÁBADO DE LA SEMANA XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

(Is 6, 1-8 / Sal 92 / Mt 10, 24-33)

Hoy en el Salmo Responsorial reconocíamos que Dios es nuestro Rey, que es eterno y para siempre firme su trono, dignas de confianza sus leyes. ¿Es esto una certeza para nosotros o dejamos que cualquier cosa o situación nos haga dudar sobre el reinado de Dios en el universo?

Jesús nos invitaba en el Evangelio a no temer a los que matan el cuerpo, pero no el alma. Nos invitaba a temer fallarle a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

Esto no va en línea a temer la coacción divina, sino a reconocer que el amor de Dios por nosotros es mas grande que cualquier cosa o problema; a reconocer que si bien existen dificultades o fatigas, éstas son pasajeras; a reconocer que Dios, su amor y gracia son estables y nunca se apartan de nuestro de nosotros.

Pidámosle a Dios no olvidar nunca su inmenso amor, su constante protección, su permanente compañía, teniendo esto siempre presente no habrá lugar para el temor.

Quién a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta…

(P. JLSS)