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SÁBADO DE LA SEMANA XV DEL TIEMPO ORDINARIO

Sábado 16 de Julio de 2016,

(15ª Semana. Tiempo Ordinario)

(Mi 2, 1-5 / Sal 9 / Mt 12, 14-21)

+ Mateo 12, 14-21

En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.

Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:

Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.

REFLEXION

En el mundo siempre tiene mayor publicidad el mal que el bien. Y es que ya estamos tan acostumbrados a poner mayor atención en lo que nos falta que ignoramos aquello que tenemos.

Y se nos puede ir el tiempo suspirando por aquello anhelado: cosas materiales, personales, etc. Que llegamos a ignorar el amor siempre estable de Dios y su gracia. Tornándose así más difícil nuestra espera.

Pidamos a Dios reconocer más su acción en nuestra vida, acercar más a los que nos rodean hacia el y hacia su amor, si el bien no se mira tanto es porque nosotros no lo practicamos mucho; para poder lograrlo es importante reconocer primero lo que Dios ha hecho en nosotros mismos.

Pidamos a María, en su advocación de Nuestra Señora del Carmen, estar siempre confiados en su maternal protección para no temer a nada. Siendo dóciles al amor y la gracia del Padre no nos distraernos tan facilmente con ninguna carencia que tengamos.

Si ya tenemos la Salvación de Jesús ¿Qué cosa más puede inquietarnos?

(P. JLSS)

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