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MIÉRCOLES DE LA VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

(1 P 1, 18-25 / Sal 147 / Mc 10,32-45)

¿Cómo andamos en el ejercicio del silencio interior? ¿Soy capaz de reconocer la voz de Dios en medio del ruido cotidiano? ¿Acepto su voluntad o quiero que su voluntad se adecue a la mía?

En el Evangelio contemplamos un Jesús que aparta a los suyos para decirles algo muy importante referente a su Pasión, Muerte y Resurrección, y frente a éste que estaba abriendo su corazón, vemos a unos discípulos que lo ignoraban, que estaban interesados en otras cosas como puestos importantes, de mando y poder a los ojos humanos.

Jesús nos enseña que si queremos ser los primeros en el reino de los cielos, debemos seguir su ejemplo: esto significa servir a todos sin excepción, como él, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida por la redención de todos.

Dios nos conceda saber guardar silencio y no prestar tanta atención a mensajes que no provienen de él y que sólo nos llevan a la búsqueda del honor y orgullo personal. Que a la luz de su Espíritu sepamos escuchar su voz que siempre nos invitará a amarnos los unos a los otros de corazón e intensamente.

(P. JLSS)

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