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Meditación del evangelio. SÁBADO DE LA III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.

( 2 Sm 12, 1-7. 10-17 / Sal 50 / Mc 4, 35-41)

Hoy la palabra nos lleva a preguntarnos seriamente quién es Jesús para nosotros: ¿Creemos en él como Hijo de Dios, como el amor del Padre, como el que ha vencido y tiene el poder sobre todo?

Lo primero que sucede en nuestro interior, después del pecado, es un sentimiento de abandono y soledad. Algunas veces por no querer ser responsables de nuestros actos, dejamos que surja el coraje. Eso le pasa al rey David, que para demostrar su poder y justicia quiere eliminar a alguien que hizo algo menor que su propio pecado.

Nosotros como Cristianos debemos recurrir a Cristo cada que nos sintamos “derrotados” por un pecado. Con la humildad de los discípulos y gritarle: ¿no te importa que nos hundamos?

A Cristo le basta que le dejemos actuar en nosotros, para reprender y gritar a todos nuestros vientos y mares internos ¡cállense, enmudezcan! Para que sobrevenga en nosotros una gran calma.

Dejemos actuar a Dios en nuestro interior, el es la mejor fuente de paz. Basta que creamos en Él.

Escuchemos su voz que nos dice: ¿por qué temes aún no tienes fe?

(JLSS)

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