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Meditación del evangelio. LUNES III SEMANA DE CUARESMA

(2 RE 5, 1-15 / Sal 41 / Lc 4, 24-30)

¿En qué nos parecemos a Naamán? Si describimos lo que de él se menciona podemos encontrar varias características: era bueno en lo que hacía pero estaba enfermo de lepra; escuchó sobre la posibilidad de su curación por acercarse a un profeta y creyó; Obedece lo que le manda éste por más ilógico que parecía y se cura.

Hoy la Palabra nos invita a escuchar a Dios, a dejar que esta palabra nos penetre hasta el fondo del corazón, muchas veces renegamos por creer que Dios no nos responde nuestras peticiones pero: ¿guardamos silencio para poder escuchar su voz o queremos escucharlo en medio de todos nuestros ruidos?

Naamán escucho el consejo sus criados, y por medio del mismo encontró la sanación de su enfermedad, pero sobre todo a Dios. Confiemos en Él, en su Misericordia y seamos conscientes de su inmenso amor por nosotros.

Dios quiso decírtelo hoy a ti concretamente ¿Por qué? Porque él es amor, créelo no queramos despeñar a Jesús por no poder aceptar tanto amor.

(JLSS)

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