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Meditación del Evangelio. JUEVES DE LA II SEMANA DE CUARESMA

 

(Jer 17, 5-10 / Sal 1 / Lc 16, 19-31)

¿En quién ponemos nuestra confianza? ¿Valoramos realmente lo que implica para cada uno de nosotros la Salvación?

Jesús nos enseñó que donde está nuestro tesoro allí está nuestro corazón. Desde esa máxima de nuestro Señor y Maestro debemos interpretar lo que Jeremías dice en el fragmento del día de hoy.

Maldito el hombre que confía en otro hombre… bendito el hombre que confía en el Señor… poner la confianza en hombres sólo trae recompensas prontas y volátiles, muriéndose éste se lleva consigo hasta lo que nosotros creíamos seguro.

Confiar en Dios trae Recompensa Eterna, recompensa que quizá no se mira muy rápido pero siempre llega. El ejemplo de Jeremías es maravilloso: un árbol plantado junto al río, que hunde en la corriente sus raíces… con hojas siempre verdes y el calor no lo secará.

Eso es lo que enseña Jesús con la historia del pobre Lazaro, Dios nos ama y no tiene límites su amor por nosotros, tanto que para él valemos su vida ¿Creemos esto o somos de los que no hacemos caso ni aunque haya resucitado un muerto?

¡Hundamos nuestras raíces en Dios, pongámonos nuestra confianza en Él y así nunca sentiremos secos!

(JLSS)

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