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MARTES DE LA III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

(Tit 1, 1-5 / Sal 95 / Mc 3, 31-35)

Hoy escuchamos los consejos que el apóstol san Pablo le da a Tito: “Conducir a los elegidos de Dios a la fe y al pleno conocimiento de la verdadera religión, que se apoya en la esperanza de la vida eterna”, nosotros sabemos que somos esos elegidos de Dios, en Jesucristo nuestro Señor.

¿Cómo anda nuestra fe? ¿Se funda en la esperanza de la vida eterna? Detengamonos a pensar en nuestra Salvación, en lo que fue para nosotros conocer a Jesús, ese momento en el que reconocimos su gloria y su poder, es decir: su inmenso amor por nosotros.

Si somos siempre conscientes de la Misericordia de Dios, viviremos en paz, ya que sabremos que si el puro conocimiento de su amor fue maravilloso, el experimentarlo en plenitud lo será aún mucho mayor.

Dejaremos de preocuparnos por hacer cosas para ser reconocidos por Dios, y nos bastará aceptar y cumplir su voluntad; eso es lo que pasa en el Evangelio, Jesús nos enseña que para ser cercanos a él, debemos cumplir la voluntad del padre y así nos acercaremos sin importar si soy su hermano, hermana, etc. Su amor nos basta.

Alabemos y demos gracias al Padre, Señor del cielo y la tierra, Junto con Jesucristo, por haber revelado los misterios del Reino y de su amor a gente sencilla.

No racionalicemos tanto, abandonémonos a su amor y misericordia.

(JLSS)

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