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LUNES DE LA IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

(2 Sm 15, 13-14. 30; 16, 5-13 / Del salmo 3, 2-3. 4-5. 6-7 / Mc 5; 1-20)

El día de hoy le pedimos al Señor que nos conceda bajo la inspiración del Espíritu Santo saber discernir lo que es recto, verdadero, y así experimentar el gozo de su consuelo. Se nos presentan dos ejemplos:

El primero, el rey David, que lleno de tristeza y dolor porque su hijo se ha levantado en su contra para matarlo, mira en las maldiciones de Semeí una ocasión propicia para hacer ofrecimiento a Dios, en espera de sus bendiciones ¿tenemos la capacidad de esperar la llegada de las bendiciones de Dios a su tiempo o nos desesperamos facilmente?

El segundo ejemplo, son los habitantes de Genesaret (gerasenos); Jesús libera a un poseído por un espíritu inmundo. Llama mucho la atención como el Evangelista san Marcos describe cómo esta que esta Legión de Espíritus se van a unos puercos (un animal impuro para los judíos) y éstos se precipitan al acantilado.

Pero lo realmente impresionante de esta escena es la reacción del Pueblo: no es capaz de reconocer la Misericordia de Jesús para con el poseído, se llenan de miedo por el gran poder que ha demostrado, y en lugar de rogarle a Cristo alguna ayuda para sus vidas, le ruegan que se vaya de su comarca. ¿Creemos en que Dios tiene el poder de ayudarnos, si nosotros nos dejamos, o seguimos poniendo atención en lo que le pasa a unos puercos?

Dios nos conceda contemplar su misericordia en nuestras vidas y no poner tanta atención en nuestros miedos, recordemos que: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que habita en nosotros.

(JLSS)

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