JUEVES – SEMANA XXV DEL TIEMPO ORDINARIO


(Ecl [Qo] 1, 2-11 / Sal 89 / Lc 9, 7-9)

La escena del Evangelio que hemos escuchado, nos recuerda el momento en que Jesús les pregunta a sus discípulos quién decía la gente que era el hijo del hombre, Herodes «tenía curiosidad por ver a Jesús», pero no por algo piadoso o un interés genuino por su persona sino, sólo para quitarse el ruido de la mente…

¿Te interesa encontrarte personalmente con Jesús o sólo con aquello que te han contado que puede realizar? Él es el camino que conduce al Padre, la respuesta a nuestras incertidumbres y miedos, es quien puede hacernos vivir en abundancia ¿Estás dispuesto(a) a dejarle actuar con libertad en tu interior?

Cuando uno se encuentra con el Señor, como en toda relación amorosa, se interesará por estar cerca de Él, conocerle, querer estar a su lado más tiempo, descubrirá que “todas las cosas, absolutamente todas, son vana ilusión”, que lo único estable y que perdura es su amor y gracia. Descubrirá lo mismo que San Agustín, que Dios «nos hizo para Él y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Él».

Cerremos nuestros ojos, guardemos un momento de silencio, respiremos tranquilamente, sintámonos hijos de Dios, pidámosle a nuestro Padre que nos invada el Espíritu Santo, que nos haga experimentarnos hijos muy amados y nos haga enamorarnos más de nuestro Señor Jesucristo. “Llénanos de tu amor por la mañana y júbilo será la vida toda. Que el Señor bondadoso nos ayude y dé prosperidad a nuestras obras.”

(P. JLSS)

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