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JUEVES DE LA III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.

(2 Sam 7, 18-19. 24-29 / Sal 131 / Mc 4, 21-25)

La palabra de este día nos invita a reconocer la acción de Dios en nuestras vidas, a hacer memoria y reconocer la misericordia que ha tenido para con nosotros.

¿Quién soy yo para que me hayas favorecido? Es la pregunta que se hace David en la Primera Lectura, justo después de escuchar a Natán que le recuerda como después de ser pastor de ovejas terminó siendo rey de Israel. Después de reconocer la acción de Dios valora más cosas, continúa diciendo, no contento con esto extiende ahora sus promesas también a mis descendientes.

Hablamos diario del amor de Dios, pero: ¿creemos en que es un amor en plenitud, o lo comparamos con nuestra, en ocasiones, muy pobre concepción de lo que es amar? Dios no procede según la lógica o los estándares humanos, él siempre lo hace desde el Amor.

En el Evangelio, Jesús nos dice: “la misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces”. Reconociendo la Misericordia de Dios, nacerá en nosotros la empatía, la caridad y no seremos tan duros para juzgar; y más bien tenderemos a la caridad.

Dios nos conceda no ser ciegos a su acción en nuestras vidas, y no meter la luz de Cristo debajo de razonamientos o limitaciones, y dejemos que esta luz que brille en nuestro interior y desborde a quienes nos rodean.

Digamos confiados: Padre perdona mis ofensas como perdono a los que me ofenden…

(JLSS)

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