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DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO 

(2R 5, 14-17 / Sal 97 / 2Tm 2, 8-13 / Lc 17, 11-19)

La gratitud es ese sentimiento que nos obliga a valorar el beneficio o favor que se nos ha hecho (o se ha querido hacer), y a corresponder de alguna manera. Este día la palabra de Dios es muy confrontante y nos invita a responder una pregunta, en apariencia sencilla: ¿Soy agradecido para con Dios?

Llama demasiado la atención que en la primera lectura y el Evangelio existe la misma problemática en varias personas, en ambas escenas los personajes son curados de una manera sencillísima, pero no existe la misma reacción. Naamán, del ejército sirio después de su curación se quiere desbordar en regalos al profeta por medio del cual actuó Dios, pero termina prometiendo fidelidad al Dios de Israel.

En el Evangelio sucede un hecho entre Samaria y Galilea, diez leprosos le dicen a gritos a Jesús: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!” y tras ser curados sólo es uno el que regresa alabando a Dios en voz alta, se postra ante Jesús y le da las gracias (un samaritano).

Para encontrar la diferencia debemos reconocer que la palabra don y derecho no son sinónimas: por un lado, un don es un regalo (un bien sobrenatural que Dios nos da); y un derecho, es sentir la facultad de exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor.

Naamán y el samaritano, reconocieron el don de Dios, y cambió completamente su vida, los demás puede que quizás sólo se fueron satisfechos pues Dios cumplió su parte. Pidámosle a Dios, reconocer nuestras fragilidades y acercarnos a él siendo conscientes de ellas, dejemos que nos invada con su amor para ser capaces de reconocer y agradecer todos los dones que continuamente tiene para todos nosotros.

(P. JLSS)

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