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JUEVES – SEMANA XIV DEL TIEMPO ORDINARIO


(Os 11, 1-4. 8-9 / Sal 79 / Mt 10, 7-15)

Las lecturas de este día me recordaron la reflexión de “las huellas en la arena”, aquel hombre que soñó que caminaba con Jesús y mientras pasaban las diferentes etapas de su vida notó dos pares de huellas, las de él y las de Jesús; pero en los momentos de tristeza, sólo había un par de huellas… entonces le reclama al Señor haberle abandonado, a lo que éste le responde: no son tus huellas, son las mías, te iba cargando.

Sabemos que el Señor nos ama, que siempre está con nosotros ¿le estamos permitiendo amarnos libremente o hemos permitido que el miedo y la incomprensión nos distraigan? Así le pasó al pueblo de Israel en tiempos del profeta Oseas, por dejarse intimidar terminaron alejándose del amor de Dios.

La primera lectura está cargada de la ternura y del amor de Dios, “…Yo los atraía hacia mí con los lazos del cariño, con las cadenas del amor. Yo fui para ellos como un padre, que estrecha a su criatura y se inclina hacia ella para darle de comer.” ¿Permitimos que Dios nos atraiga hacia él o le hacemos más caso a otro tipo de cadenas? Dios atrae, lo otro esclaviza…
?La frase “Mi corazón se conmueve dentro de mí y se inflama toda mi compasión.” Podemos verla en las indicaciones que el Señor da a sus discípulos en el Evangelio para el cumplimiento de su apostolado, también les dice que no se preocupen… al igual que a ellos a ti y a mi el Señor nos pide no preocuparnos de lo secundario, puede que por el miedo o ansiedad no le sientas a tu lado, ni frente a ti, ni atrás de ti. ¿no podrá ser porque te va cargando?

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA XIV DEL TIEMPO ORDINARIO


(Os 10,1-3. 7-8. 12 / Sal 104 / Mt 10, 1-7)

En estos momentos de tanta incertidumbre y ansiedad debemos hacer la invitación del Salmo, recurrir al Señor y a su poder, y a acudir a su presencia. Recordar los prodigios que él ha hecho, sus portentos y oráculos… se recomiendan tres cosas ponernos en su presencia, recurrir a él, a su poder, y recordar lo que ha hecho.

¿Tienes claridad para reconocer lo que Dios ha hecho por ti? Es curiosa la imagen que nos presenta el profeta Oseas sobre el corazón dividido de Israel: “Israel era una viña frondosa que daba abundante fruto. Pero cuanto más se multiplicaban sus frutos, más se multiplicaban sus altares paganos; cuanto más rico era el país, más ricos fueron sus monumentos a los ídolos.” En lugar de agradecer, se fueron haciendo soberbios.

Quien no tiene claridad en lo que Dios ha hecho por él, corre el riesgo de extraviarse con cualquier “brillo” o “logro”, y hasta llegar a creerse la fuente de los mismos… entonces, cuando éstos no se presentan la tristeza y desilusión es mayor. ¿Eres capaz de reconocer los medios por los cuales Dios se te quiere acercar?

Cómo escuchamos en el Evangelio, el Señor siempre mandará los medios que necesitamos para salir adelante, debemos estar atentos para reconocerles y ser dóciles para responder a ellos. Reconozcamos que todo está en las manos del Señor, que el Espíritu Santo nos libere de la soberbia y nos dé la libertad de reconocer que si bien es cierto, somos frágiles, contamos con la gracia de nuestro Señor que nos hace ser más que vencedores (Cf. Rm 8, 35-37)

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA XIV DEL TIEMPO ORDINARIO


(Os 8, 4-7. 11-13 / Sal 113B / Mt 9, 32-38)

“Han nombrado reyes sin contar conmigo, han escogido príncipes sin saberlo yo. Con su oro y su plata se han hecho ídolos, para su perdición…” El reclamo que Dios hace a los israelitas, por medio de Oseas, bien nos lo podría hacer también a nosotros, no tomarle en cuenta, preferir confiar en otras cosas antes que en Él.

En medio de la situación tumultuosa que vivían, en lugar de recurrir a Dios que les había demostrado ya su poder, influenciado por el entorno, recurrían a los ídolos. En estos tiempos de ansiedad y desconcierto ¿Te has mantenido fiel al Señor o en qué estás refugiándote?

Cierra tus ojos y ponte en sus manos, no hables mucho, sólo acepta que te sientes extenuado(a), desamparado(a) y que quieres su consuelo. Él es el buen pastor, nos conoce ¿qué tanto le conocemos? Padre, no permitas que ignoremos la obra de nuestro Señor Jesucristo en cada uno de nosotros, ponemos en tus manos nuestras fatigas y ansiedades, invádenos con Espíritu Santo para confiar sólo en ti.

Escuchamos en el Evangelio que Jesús “al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.” Aún hoy, cuando nuestro Señor nos mira así, quiere consolarnos, darnos serenidad e invadirnos de su paz. ¡Permite que se te acerque!

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA XIV DEL TIEMPO ORDINARIO


(Os 2, 16. 17-18. 21-22 / Sal 144 / Mt 9, 18-26)

Permitamos que el Señor cargue con nosotros, dejémosle acercarse y que nos ayude… cuando uno se centra en los problemas, comienza a ignorar todo con lo que cuenta, incluyendo la presencia de Dios. ¿Acudes a Dios cuando no entiendes la realidad, cuando se te dificulta, cuando te sientes «abandonado»?

A nada le debemos permitir que nos distraiga de la certeza de que “el Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas.” A nada ni nadie le debemos dar tal poder.

Aprendamos de los personajes del Evangelio: uno, a pesar de que su hija «acabara de morir» busca a Jesús confiando en que su poder es más fuerte que la muerte; la otra, confió más en el poder de Cristo que en su «incurable enfermedad» y se le acerca confiada. Ambos personajes se le acercaron al Señor confiando en que su poder es más fuerte que cualquiera de sus problemas.

Permitamos que el amor que Dios nos ha manifestado en Jesucristo penetre hasta lo más profundo de nuestro ser y lo transformé. “Esto dice el Señor: “Yo conduciré a Israel, mi esposa infiel, al desierto y le hablaré al corazón…” la pregunta entonces es ¿qué tan dispuesto(a) estás para que el Señor te colme de su amor y te renueve?

(P. JLSS)

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO


(Zac 9,9-10 / Sal 144 / Rm 8, 9. 11-13 / Mt 11, 25-30)

La semana pasada meditamos sobre nuestra necesidad de estar abiertos a la Providencia de Dios, sin olvidar que contamos con él, ahora se nos invita a dejar que el Señor se involucre completamente en nuestras vidas. “El Señor es siempre fiel a sus palabras, y lleno de bondad en sus acciones. Da su apoyo el Señor al que tropieza y al agobiado alivia.”

Cuando pasamos por momentos difíciles, la mayoría de nosotros, tiende a cerrarse y centrar toda su atención en las dificultades, ignorando a quienes les rodean, incluso hasta Dios; quien cree en Jesucristo sabe que no está solo y que cuenta con el Espíritu Santo ¿qué tanto dejamos que éste nos ayude? San Pablo lo dice claramente “si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán.” Se trata de dejarse ayudar.

Este pasaje del Evangelio es muy rico, primero está la invitación de Jesús a estar con él, “vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio.” Después da un ejemplo muy bello, “Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera.” Se trata de dejarle cargar con nosotros, el carga siempre la mayor parte.

Pidamos a nuestro Padre Celestial, que envíe su Espíritu Santo a nuestros corazones para dejarnos amar, para recordar que no estamos solos y dejarnos ayudar, que fortalezca en nuestro interior la certeza de su presencia en nuestras vidas. No nos dejemos distraer tanto por el sufrimiento, que nuestra atención está puesta en Jesucristo, que carga y avanza con nosotros siempre.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XIII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Am 9, 11-15 / Sal 84 / Mt 9, 14-27)

“¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán…” en estas palabras de Jesús podemos reconocer el sentido auténtico de la penitencia, ésta se realiza como ejercicio de purificación personal, algunos pareciera que la hacen como para «contentar a Dios».

¿Existen situaciones de tu vida en las qué haces a un lado el amor de Dios, para aferrarte a ellas? Me explico, muchos de nosotros (ya se consciente o inconscientemente) justificamos nuestros malos hábitos y pecados, si existe uno tráelo a tu memoria y reconoce si mientras hacías este ejercicio no surgieron ideas semejantes a estas: «…pero es porque estoy solo(a)», «…esto no ha de ser pecado», «no le hago mal a nadie», etc.; la experiencia del amor de Dios, necesariamente nos hace reconocer aquello que no es compatible con éste.

“Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura.” ¿Permites que el amor y la gracia de Dios provoquen cambios en tu interior o te sientes satisfecho con lo que conoces? Quien ama y se sabe amado, no piensa en otra cosa que unirse cada vez más con su amado.

Dejémonos amar, que se cumplan en nosotros la profecía que hemos escuchado: “Aquel día renovaré la casa de David convertida en ruinas, taparé sus brechas, levantaré sus muros y la reconstruiré como era en otros tiempos…” dejémosle actuar para no sentirnos abatidos por nada ni nadie. Seamos ovejas buenas, “mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.”

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XIII DEL TIEMPO ORDINARIO


Fiesta de Santo Tomás, Apóstol
(Ef 2, 19-22 / Sal 116 / Jn 20, 24-29)

“Ya no son ustedes extranjeros ni advenedizos; son conciudadanos de los santos y pertenecen a la familia de Dios, porque han sido edificados sobre el cimiento de los apóstoles y de los profetas, siendo Cristo Jesús la piedra angular.” Celebrar a los apóstoles siempre es algo que me llena de emoción, porque cada uno de ellos tiene su personalidad muy definida y nos enseña que seguir a Cristo se hace desde la autenticidad.

Cada uno de ellos aprovechó las cualidades que tenía para ponerlo al servicio de Dios, tras la resurrección del Señor y la recepción del Espíritu Santo, no se anduvieron comparando entre ellos ni preocupando por pequeñeces. Hoy celebramos al Apóstol Santo Tomás, al que llamaban el Gemelo, es un apóstol que reclama experiencias tangibles del resucitado “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré…”

En una parte anterior del Evangelio, mientras Jesús se está despidiendo y les quiere consolar un poco, Tomás le cuestiona «si no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino» (cf. Jn 14, 1-5). El Señor, eligió a los apóstoles por su docilidad y abandono. ¿Aceptas que Dios te ha elegido por pura misericordia, que te quiere bien, o pierdes demasiado tiempo contemplando tus limitaciones y errores?

Pidámosle a Dios nuestro Padre, por intercesión del apóstol santo Tomás, que quite de nosotros toda fijación hacia nuestras limitaciones, que contemplemos más lo que su amor y gracia pueden lograr en nuestras vidas si les dejamos. Dios no nos quiere como robots, sino como hijos que se saben amados. “Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano; métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree…” ante una duda genuina lo primero que el Señor nos dará es la serenidad.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XIII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Am 7, 10-17 / Sal 18 / Mt 9, 1-8)

El profeta Amos, anuncia la ruina de Israel y el fin de la dinastía del rey Jeroboam; por ello Amasías, sacerdote de Betel le envía este mensaje al rey: «Amós está conspirando contra ti en Israel y el país ya no puede soportar sus palabras, pues anda diciendo que Jeroboam morirá a espada e Israel saldrá de su país al destierro»; por otra parte va directamente con Amós para decirle que se vaya de la región…

Amasías, tiene al profeta que le dice lo que debe de cambiar, pero como no le gusta lo que oye, prefiere hacer uso de la profecía en contra del profeta y haciendo que el rey lo mire como una amenaza; después va con el profeta y le invita a retirarse. Todo un cabildero, azora a los destinatarios de la profecía, y trata de persuadir al profeta para que se aleje. Una vez que reconoces que Dios te dice algo ¿Aceptas su mensaje o buscas analizar el medio por el que te llega?

Muchos tenemos en nuestras mentes, frases como la de Salmo: “La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.” Pero en el momento en que se nos presenta algo que no consideramos agradable, luego luego buscamos devaluar el medio por el cual nos llegó el mensaje ¿no es cierto? Es lo que le pasa a Jesús en el Evangelio, ante la novedad de sus palabras, algunos comienzan a considerarle un blasfemo, por ello les dice “¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’?” Y para comprobar su poder, cura al enfermo.

“Dios reconcilió al mundo consigo por medio de Cristo, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación.” Es decir, Dios ha querido salvarte gratuitamente, debes aceptar esto, no poner tanta atención en ti sino en Él y reconocer su inmensa misericordia. No corras ni trates de alejarte de su amor por miedo. Déjate amar.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA XIII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Am 5, 14-15. 21-24 / Sal 49 / Mt 8, 28-34)

Continuando con las interrogantes que ayer planteábamos sobre qué tanto nuestras acciones están construyendo el futuro que añoramos, ahora escuchamos en el Salmo: “¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú, que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos?” Ahora la Palabra nos confronta acerca de la coherencia entre lo que hablamos y hacemos…

“Busquen el bien, no el mal, y vivirán, y así estará con ustedes. como ustedes mismos dicen, el Señor, Dios de los ejércitos.” Buscar el bien en todo lo que hagamos… una vez más se nos recuerda que no debemos preocuparnos tanto de no hacer “cosas malas”, sino de esforzarnos más por hacer el bien, esforzándonos por esto dejaremos aquello.

Detengámonos un momento a pensar, qué es aquello que consideramos «bueno», porque »donde está nuestro tesoro allí está nuestro corazón» (cf. Mt 6, 21) ¿es Dios tu mayor tesoro? En el pasaje del Evangelio, contemplamos cómo la gente prefirió salvar su ganado que reconocer la acción de Dios: “Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se fuera de su territorio.”

Pidámosle a nuestro Padre Celestial que, por la fuerza del Espíritu Santo, nos dé la capacidad de aferrarnos a su amor y a su cuidado antes que a otras cosas, no vaya ser que por miedo terminemos rechazando, o ignorando, la presencia del Señor en nuestras vidas. Como ese pueblo que en lugar de gozar la acción de Jesús en sus hermanos, lamentan los cerdos perdidos…

(P. JLSS)

SEMANA XIII DEL TIEMPO ORDINARIO


Solemnidad de los santos Pedro y Pablo, apóstoles.
(Hch 12,1-11 / Sal 18 / 2Tim 4, 6-8. 17-18 / Mt 16, 13-19)

Este día celebramos a dos grandes apóstoles que con su labor hicieron vida las palabras del Salmo: “El mensaje del Señor resuena en toda la tierra.” Si me preguntarán cuál fue el secreto para que estos dos hombres fueran tan aguerridos, respondería sin dudar su docilidad al Espíritu Santo y su experiencia de la misericordia de Dios.

Cuando uno se convierte a Dios y quiere seguirle fielmente, uno de los principales miedos que se le vienen a la cabeza, es el pasado, lo que uno ha vivido o hecho; lo que estos dos apóstoles nos enseñan con claridad es no desconfiar del poder de Dios en nosotros y a no desaprovechar el momento de misericordia.

Ambos tenían clara la misión que Dios les había dado (a Pedro, ser jefe del colegio apostólico y su vicario en la tierra, a Pablo, ser el apóstol de los “gentiles”), tenían claro también su pasado, como escuchamos en las lecturas; y ambos eran conscientes de que Dios les había perdonado, y le convirtieron en su mayor riqueza. No se quedaron aferrados al lugar de donde habían sido sacados, de aferraron a donde les habían invitado.

Así tu y yo, agradecidos por la labor de estos dos grandes apóstoles, pidamos por su intercesión, que Dios nos conceda aceptar la misión que él nos ha dado, alegrarnos por la confianza que nos ha tenido y abandonarnos a su amor y gracia. Que nuestro pasado no alimente culpas o etiquetas, sino que sirva sólo para reconocer de donde hemos sido sacados por puro amor y misericordia.

(P. JLSS)

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