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LUNES – SEMANA IV DE PASCUA


Fiesta de los Santos Felipe y Santiago, apóstoles
(1Cor 15, 1-8 / Sal 18 / Jn 14, 6-14)

Hoy celebramos a dos Apóstoles de los que quizá bíblicamente no haya mucha información, pero con lo que encontramos basta para darnos cuenta que hicieron lo que el Señor les había encargado, y es que para llegar a ser santo se necesita solamente «hacer lo que nos toca», es decir, discernir qué nos pide el Señor y hacerlo.

Santiago, fue obispo de Jerusalén, una carta del Nuevo Testamento es de su autoría y cómo escuchamos en la primera lectura fue uno de los dichosos a los que el Señor se les apareció resucitado; Felipe, dentro de las cosas que podemos agradecer es su petición a Jesús de que mostrara al Padre, ya que por ello quedó una enseñanza acerca de la unidad del Padre y el Hijo: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre…”

Al igual que Felipe, cada uno de nosotros podríamos pedirle al Señor en estos momentos por nuestra mayor necesidad, Felipe le dijo «muéstranos al Padre y eso nos basta» ¿tú qué le pedirías? ¿Sabes cuál es tu mayor necesidad en estos momentos? Quizá la respuesta que el Señor te daría sería la misma: «(nuestro nombre) tanto tiempo hace que estoy contigo, ¿y todavía no me conoces?»

Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al padre si no es por él; los apóstoles y los Santos supieron son seres humanos que nos dan ejemplo de perseverancia, de docilidad al Espíritu Santo, pidamos a Dios que por intercesión de estos santos apóstoles nos ayude a no desesperarnos y hacer lo que nos toca, teniendo como camino el trazado por Jesús, buscar respuestas sólo en el Señor y reconocer el plus que a nuestras vidas trae la gracia.

(P. JLSS)

DOMINGO IV DE PASCUA


(Hch 2, 14. 36-41 / Sal 22 / 1Pe 2, 20-25 / Jn 10, 1-10)

La comparación que hace Jesús en el Evangelio entre el ladrón y el pastor es muy interesante, quien no es pastor usa a las ovejas como fuente de beneficios, quien es el pastor busca cuidar del rebaño y conducirlo a donde esté seguro, por ello dice Jesús que él sí es el pastor, “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia…”

¿Cómo está tu tranquilidad en estos momentos? ¿Tienes puesta tu confianza en tu pastor Jesucristo? San Pedro, hablando del Señorío de Jesús dice a la multitud: “Porque las promesas de Dios valen para ustedes y para sus hijos y también para todos los paganos que el Señor, Dios nuestro, quiera llamar, aunque estén lejos”. No se trata de perder tanto tiempo pensando en lo que te has alejado de Dios, sino en esforzarte en reconocer que él está buscándote, sabe que estás perdido(a) o asustado(a), déjalo encontrarse contigo.

San Pedro, en la segunda lectura, nos invita a reconocer lo que ha hecho el Señor por nosotros, “cargado con nuestros pecados, subió al madero de la cruz, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.” Por sus llagas hemos sido curados… Si éste es el Pastor que tenemos ¿a qué vamos a tenerle miedo? (Cf. Sal 27 (26), 1), deja que se acerque y te cure, abrace y cargue sobre sus hombros.

¿Cuáles son tus heridas en estos momentos? ¿Cuáles son tus miedos o preocupaciones? Debes tener claro esto para presentárselo al buen pastor, que por sus llagas te ha sanado… el miedo es algo que nos paraliza y hace que no disfrutemos el presente, nos mantiene en la añoranza del pasado o en el anhelo del futuro. Disfrutemos el presente aferrados a Jesús y no al miedo. “Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me dan seguridad.”

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA III DE PASCUA


(Hch 9, 31-42 / Sal 115 / Jn 6, 60-69)

Después del discurso eucarístico, en el que el Señor nos habla sobre nuestra necesidad de comer su cuerpo y beber su sangre, él Evangelista deja en claro que no lo hace en sentido metafórico cuando el Señor habla de comer (fágete v.53) su carne, sino que aclara, que lo hizo en sentido realista debían masticarlo, roerlo, etc. (Trógon v.54). Ante la incomprensión de las palabras del Señor, nos dice el Evangelio que “desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él.”

Al ver las reacciones Jesús les dice: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?” Quizá muchos de nosotros, en estos momentos nuevos, diferentes, pudiésemos estar como estos personajes, escandalizados, temerosos, sin comprender nada… ¿nos queremos rendir ante nuestras inseguridades o reconocemos en nuestro interior la necesidad de más fe?

Cuando algunos discípulos abandonan a Jesús, él voltea a ver a los apóstoles y les pregunta (y quizá igual a ti y a mi) «¿También ustedes quieren dejarme?», debemos pedir a Dios nos conceda la confianza de Pedro, que quizá en medio de dudas e incomprensiones, estaba convencido de la bondad y el poder de Dios: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.”

En la primera lectura escuchamos dos Milagros que san Pedro realizó, también en ello encontramos enseñanza, san Pedro no se dejó engañar por su pecado tras su negación, volvió a buscar la gracia, se reconcilió con Jesús y con él mismo, y siguió adelante. Que no te distraiga tanto si te llegan dudas, caídas, miedos, negaciones, pon mayor atención en la misericordia, acude al Señor y no te quedes tirado. Dios nos dé su paz.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA III DE PASCUA


Memoria de San José, obrero
(Hch 9, 1-20 / Sal 116 / Mt 13, 54-58)

El trabajo honrado, por más humilde que sea, si es visto como un don de Dios será fuente de bendiciones para todos, en cambio, si se le contempla simplemente como una obligación, terminará por aparentar ser una carrera en la que el otro puede llegar a estorbar… San Pablo ponía todo su empeño en frenar algo que era divino, los otros no le importaban, porque para él suponían una amenaza.

Pero el Señor, que siempre está con los suyos y siempre está al pendiente de la oveja que se ha perdido, se acerca a Pablo (Saulo) y le confronta «¿por qué me persigues?» no le dice persigues a los míos, él está involucrado totalmente con nosotros. Y Pablo, se deja interpelar por Jesús, descubriendo que está ciego y que le hace falta volver a ver ¿permites que Dios se involucre en tu vida, de tal manera que la renueve y te dé plena libertad, cómo lo hizo con Pablo? Después de su encuentro con Jesús, la profesión de Pablo cambió, descubrió que Dios «lo había escogido como instrumento, para darle a conocer a las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel.»

Así tu y yo, en medio de nuestras labores cotidianas, podemos encontrarnos con Jesús, el nunca nos deja solos, quiere transformarnos en personas libres, la clave de los Santos es que tras encontrarse con Jesús no vivían anclados en su pasado, soltaban toda culpa y éste les servía para impulsarse al reconocerle cómo un lugar del que fueron sacados por gracia, su pecado no los definía más, los definía el amor de Cristo.

En el Evangelio escuchamos que a Jesús se le llama «el hijo del carpintero», y hubo muchos prejuiciosos que por no ser de familia de letrados o expertos, se negaron a creer en él, Jesús no se avergonzó de ello, era libre. Pidámosle a Dios, por intercesión de San José, poder gozar de lo que tenemos y hemos logrado por nuestro trabajo, y vivir estos momentos de cuarentena, libres de culpa, agradeciendo a Dios todos sus dones.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA III DE PASCUA


(Hch 8, 26-40 / Sal 65 / Jn 6, 44-51)

“Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya.” Para ti, para mí, para quien amamos, para quien nos ha lastimado, para el que nos ha traicionado, por aquel a quien quizás me cueste más trabajo aceptar… para todos. Sólo la ignorancia, la desconfianza y el miedo pueden hacer que el poder de Dios obre en nosotros.

Este tiempo que nos está tocando vivir, nos ha dejado claro algo, necesitamos del otro. Hoy la palabra nos recuerda precisamente eso, aún cuando nuestra familia fuera muy reducida o podamos sentirnos solos, al rededor de nosotros siempre hay personas que pueden hacer diferente nuestro día. Felipe lo fue para el etíope en la primera lectura, se acercó a él y éste a su vez estaba receptivo.

“¿Entiendes lo que estás leyendo?… ¿cómo voy a entenderlo, si nadie me lo explica? Entonces invito a Felipe a subir y sentarse junto a él.” ¿Tienes apertura para escuchar al otro y/o para dejarte ayudarle él? ¿Te reconoces tú como el don que Dios ha dado para que las personas no estén solas o se sientan abandonadas? Dios nos ha enviado para que demos fruto y nuestro fruto permanezca.

El mismo Señor ha querido entrar en esta dinámica, con su encarnación ha querido involucrarse con nosotros, depende de nosotros si le aceptamos o no. Incluso, para que no nos sintamos solos, se nos ha dado como alimento. “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”. Señor, abrimos nuestros corazones a tu amor y a tu gracia, concédenos experimentar tu cercanía para poder hacerte cercano a los demás. Que no se nos olvide que debemos dejarte involucrar en nuestra vida para que ésta se transforme en fuente de bendición. No por nuestras obras, sino por los frutos de tu acción en nosotros.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA III DE PASCUA


(Hch 8, 1-18 / Sal 65 / Jn 6, 35-40)

Que hermoso reconocer la claridad que Jesús tenía acerca de su misión: “la voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día.” Jesús reconoce en quien se le acerca, un don de parte de su padre ¿no es hermoso? Tu y yo, somos mirados por Jesús como un regalo.

Y el Señor continúa diciendo: “La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día.” Somos un regalo que jamás permitirá que se le pierda, en estos momentos debemos levantar un poco más nuestras miradas, dejar de ver tanto los inconvenientes y mirar hacia arriba donde está Cristo. (Valdría la pena releer el capítulo 3 de la carta a los colosenses)

En la crucifixión y resurrección del Señor hemos sido testigos de que la voluntad de Dios se cumple aún cuando el hombre quiera detenerla; otro ejemplo de esto lo escuchamos en la primera lectura, después de matar a Esteban comienza una una violenta persecución contra la iglesia de Jerusalén para acabar con ella y sin embargo, sin querer la difundían, nos dice que “los que se habían dispersado, al pasar de un lugar a otro, iban difundiendo el Evangelio.”

Somos amados infinitamente por el Padre, contamos con su amor y con su gracia; contamos también, con nuestro gran intercesor frente al Padre, Jesucristo (cf. 1Jn 2, 1); y con el Espíritu Santo que nos ha sido enviado para sentirnos seguros ante cualquier calamidad. ¿Qué tanto le permites actuar en tu vida? Jesús prometió que el Espíritu Santo nos enseñaría todas las cosas y nos recordaría todo lo que él dijo (cf. Jn 14, 26). Aprovechemos su presencia, recordemos que Dios quiere nuestro bien y nada de lo que pase puede evitar eso, estamos en sus manos. No hay que temer.

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA III DE PASCUA


(Hch 7, 51-8, 1 / Sal 30 / Jn 6, 30-35)

Al leer las lecturas de este día recordé una frase que san Agustín dice en sus Confesiones: «ni en la comida ni en la bebida hay placer si no precede la molestia del hambre y de la Sed» (libro 8, III, 7); el hambre es el apetito o deseo ardiente de algo, en estos momentos de incertidumbre, dudas y/o quizá miedo ¿cuál consideras que es tu mayor necesidad? ¿Paz? ¿Serenidad? ¿Confianza? ¿Fe? ¿Qué es lo que más necesitas?

En alguna ocasión llegué a escuchar a familiares o amigos decir: «tengo antojo de no sé qué…» quizá habrá sido pura ansiedad, no lo sé, lo que sí he podido reconocer en muchas personas es esa supuesta necesidad “algo”; el Evangelio de hoy nos responde qué es lo que en el fondo todos necesitamos en estos momentos, cuando el Señor dice: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.”

La clave para sobrellevar estos momentos en paz es dejar que Jesucristo se involucre en nuestro día a día ¡Él está vivo! Preséntale tu ansiedad, tus miedos, todas tus necesidades, que diferente sería nuestra vida si no permitiéramos que nada nos hiciera dudar del infinito amor y gracia de Dios. San Esteban, se había abandonado al amor y a la gracia de Dios, por ello, fue capaz de mirar más allá de sus verdugos, después de entregar a Dios su espíritu, le pide “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”.

Séneca dijo que «todo lo vence el hombre, menos el hambre», pero qué difícil será quitar el hambre a quien la confunde con el deseo, el antojo, con la añoranza, etc. dejemos que el Espíritu Santo actúe en nosotros, que nos dé claridad para saber cuáles son realmente nuestras necesidades y, abandonados en su amor, decirle: “Señor, danos siempre de ese pan”

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA III DE PASCUA


(Hch 6, 8-15 / Sal 118 / Jn 6, 22-29)

Ayer escuchamos en el Evangelio la historia de los discípulos de que iban a Emaús, estos discípulos iban tristes y desanimados, al grado de olvidar las palabras de Jesús por tener su mente puesta en solamente en lo negativo, ¿a qué le estás dando mayor importancia, a la palabra de Dios o a todo el bombardeo informativo?

Hemos escuchado en el Evangelio, una confusión común, mucha gente seguía a Jesús por haber disfrutado de los frutos del milagro de la multiplicación de los panes, no por ser el mesías… por ello cuando Jesús les exhorta a no trabajar por alimento que se acaba ellos le preguntan qué necesitaban para llevar a cabo las obras de Dios y el Señor les responde “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado”.

Tanto los discípulos de Emaús como los personajes del Evangelio de este día, se habían dejado distraer por otras cosas, no estaban poniendo su atención en quien estaba frente a ellos, a su lado. Te invito a platicar con Jesús en estos momentos a pedirle mayor fe, que nada ni nadie te intimide, que no se te olvide que él está a tu lado siempre. Se trata de no distraerse.

Esteban, como escuchamos en la primera lectura, sí tenía puesta su atención en Jesucristo, por eso no teme dar testimonio donde sea, ya no dejaba que nada lo intimidara, sabía que nada lo podía separar del amor de Cristo. Pidámosle a nuestro Padre Celestial su cobijo, dejémonos amar por él, disfrutemos la cercanía de Cristo y que el Espíritu Santo nos ilumine para no dejarnos distraer por nada, nuestra atención sólo puesta en el resucitado, que prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

(P. JLSS)

DOMINGO III DE PASCUA


(Hch 2, 14. 22-33 / Sal 15 / 1Pe 1, 17-21 / Lc 24, 13-35)

Cuando me llega cualquier información, siempre me pregunto cuál es la fuente, quién me lo está diciendo y para qué me lo está diciendo; y si alguna de las respuestas a estas preguntas son inciertas, ambiguas o sospechosas, no les doy tanta cabida en interior, o mejor dicho, le doy la atención que se merece.

Hemos escuchado el testimonio que da san Pedro acerca de nuestro Señor Jesús y su obra salvadora y los efectos que ésta tiene sobre nosotros. “Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios.” ¿Qué te dice esta frase? ¿Dejas que la palabra de Dios penetre en tu interior? ¿Das el mismo interés a la Palabra de Dios que a la información que te llega sobre el Covid? ¿Qué hay más en tu interior: serenidad o miedo?

Este domingo, la Liturgia de la Palabra nos invita a pedirle al Señor que nos explique las escrituras, cada uno de nosotros podemos asemejarnos a los discípulos que van hacia Emaús, ellos van con Jesús a un lado y no lo reconocen por estar inmersos en la desilusión, en la tristeza en sus pensamientos… ¿ya le entregaste al Señor tus sentimientos libres de toda justificación teórica? Entrégale al Señor todos tus miedos, fatigas y preocupaciones.

Padre amoroso, en Nuestro Señor Jesucristo, nos has demostrado la grandeza de tu amor por nosotros y con el Espíritu Santo nos fortaleces con la certeza de tu presencia y cercanía; ilumínanos Padre para que no dar a ninguna información más fuerza que a tu Evangelio, que no dejemos que nada opaque la buena noticia de Jesús. “Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos.”

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA II DE PASCUA


Fiesta de San Marcos, Evangelista
(1Pe 5, 5-14 / Sal 88 / Mc 16, 15-20)

Hoy celebramos la Fiesta de San Marcos, Evangelista. Le damos gracias a Dios porque a través del Evangelio de Marcos podemos conocer un poco, cómo era la predicación del apóstol san Pedro, Papías de Hierápolis y Eusebio de Cesarea así lo atestiguan; Ireneo en su libro contra las herejías, lo presenta como intérprete: «Marcos, el discípulo e intérprete de Pedro, nos transmite también él de forma escrita lo que era anunciado por Pedro»; y podríamos seguir con los testimonios: San Justino, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Orígenes…

Incluso en la primera carta de Pedro, se nos habla de la cercanía entre estos dos personajes, cuando dice al final de la carta: “Los saluda la comunidad de Babilonia (Roma), a la que Dios ha elegido, lo mismo que a ustedes. También los saluda mi hijo Marcos.” Con su labor, este Santo nos cuenta cómo Pedro dio cumplimiento al mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado.”

Creo que está fiesta nos puede iluminar mucho en estos momentos, Marcos quizá no era un personaje de mucho protagonismo, pero su trabajo, que quizás pudiera haberle parecido sencillo a él, ha llegado a nosotros el testimonio de la predicación de Pedro. En esta contingencia, con tu labor sencilla en familia, quizá puedas transformar completamente el futuro de tu familia, cada o vida, dependerá de ti.

En su carta Pedro nos recomienda una cosa, que quiero recomendarles también para estos momentos que vivimos: “Estén alerta y no se dejen sorprender, porque su enemigo, el diablo, como un león rugiente, anda buscando a quien devorar. Resístanle con la firmeza de la fe…” no nos acobardemos ante nada. San Marcos intercede por nosotros para ser fieles en lo cotidiano de nuestras vidas.

(P. JLSS)

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