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DOMINGO – NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

(Is 49, 1-6 / Sal 138 / Hch 13, 22-26 / Lc 1, 57-66. 80)

¿Por qué celebrar el nacimiento de Juan Bautista? Por la simple y sencilla razón de que él fue el precursor de nuestro Señor, él no dejaba de pregonar la necesidad de arrepentimiento y conversión para la llegada del reino de Dios.

Aún siendo el más grande de los profetas, nunca fue soberbio, era consciente que su misión era anunciar al Señor; “Juan decía: `Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias’”. Desde el vientre de su madre se alegró por la llegada del mesías.

Debemos dejar que sus palabras “conviértanse, porque ya está cerca el reino de Dios” penetren lo más profundo de nuestro ser, para abrirnos completamente a la acción deL Espíritu Santo y hacer que nuestra opción por Dios sea total.

Juan bautizó con agua, Jesús con el Espíritu Santo y con fuego, dejemos que esté arda en nuestro interior, que nos purifique, que queme las iniquidades y nos impulse a anunciar a nuestro salvador con nuestras acciones. Necesitamos únicamente aceptar la grandeza de Dios, dejar atrás el pasado y avanzar libremente hacia Cristo.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XI DEL TIEMPO ORDINARIO

(2Crón 24, 17-25 / Sal 88 / Mt 6, 24-34)

“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura”… quien cree en Jesús debe confiar en él, debe desgastarse porque en el mundo se note que quien reina es Dios, que nuestra confianza sólo debe ponerse en Él.

El rey Joás se olvidó muy pronto de todo lo que Dios había hecho porque él llegará a ser rey, se olvida que los bienes materiales sólo son medios, nunca fines. Dice la Primera lectura que “sobornado por sus regalos” permitió la idolatría y el homicidio de Zacarías.

“Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza.” El Señor quiso estar cerca de nosotros para que descubramos que todos somos hermanos, que para Dios todos merecemos las mismas oportunidades ¿existen situaciones o cosas a las que les permitas “sobornarte” como Joás lo hizo?

Pidamos a Dios que lo único que nos inquiete sea alejarnos y olvidarnos de Él y su cuidado. Dejemos todo en sus manos recordando que a cada día le bastan sus propios problemas… “No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas”.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XI DEL TIEMPO ORDINARIO

(2Re 11. 1-4, 9-18. 20 / Sal 131 / Mt 6, 19-23)

“…Donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón” son las palabras con la que Jesús nos interpela hoy ¿En qué cosa o situación está puesta toda nuestra atención, nuestro interés? ¿Qué es lo que nos interesa no perder o conseguir?

La invitación del Señor es clara: “acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben”. El Señor nos ha enseñado qué hay más alegría en en dar que en recibir, pongamos toda nuestra atención en Dios y en su amor, para que sea el amor nuestro máximo tesoro.

El corazón de Atalía estaba puesto en una corona, en el poder temporal y en las riquezas materiales, razón que la llevó a permitir injusticias y asesinatos, recibiendo como consecuencia la muerte. Hoy se nos invita a no olvidar que nuestra mayor riqueza se llama Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Abrámonos a la gracia de Dios, dejemos que nos invada y que actúe libremente, no permitamos que lo material (o alguna situación que reconocemos dañina) nuble nuestra mente, el amor de Dios es nuestra máxima riqueza, que nos de miedo perderlo. “Si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Sir [Eclo] 48, 1-15 / Sal 96 / Mt 6, 7-15)

Quien cree en Jesucristo, debe estar convencido de que el Señor reina sobre todo (En la justicia y el derecho se sienta su trono), esto es una razón suficiente para estar siempre alegres y para que el mundo entero cante de regocijo.

Hoy recordamos en la primera lectura que a Elíseo, sucesor de Elías, queda lleno del espíritu de su maestro, en otras palabras, se le notaba que lo poseía, “ningún príncipe lo intimidó, nadie lo pudo dominar. Ninguna cosa le era imposible…” Nosotros hemos recibido el Espíritu Santo ¿qué tanto se nos nota?

Cada uno de nosotros “hemos recibido un espíritu de hijos, que nos hace exclamar: ¡Padre!” Y que nos debe llevar a reconocer: primero, que todos somos cuidados y protegidos por el único Señor del universo; también, que todos merecemos amor porque así se nos ha demostrado; y por último, que estamos llamados a construir una sociedad en la que se note quién es el Rey.

En la oración que Cristo nos enseñó, el Padre Nuestro, ponemos toda nuestra confianza en Dios, y nos comprometemos a perdonar a los que nos ofenden, es más le decimos que nos perdone con la misma intensidad que nosotros perdonamos… Dios nos conceda abandonarnos al amor que nos ha dado, ser capaces de amar y perdonar con la libertad que da saberse sus hijos adoptivos.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA XI DEL TIEMPO ORDINARIO

(2 Re 2, 1. 6-14 / Sal 30 / Mt 6, 1-6. 16-18)

La escena que escuchamos en la Primera Lectura es muy bella, el profeta Elías se marchará para siempre y quiere irse solo, Eliseo su sucesor no lo permite y lo acompaña, entonces, se da la despedida entre ambos en la que Eliseo pide a su maestro Elías ser el heredero principal de su espíritu. Y tras ser levantado Elías, Eliseo recibe su manto (símbolo de la personalidad) y realiza el mismo milagro.

“Qué grande es la bondad que has reservado, Señor, para tus fieles! Con quien se acoge a ti, Señor, ¡qué bueno eres!” lo cual no significa que no sea bueno con los demás, sino que les pasa de largo; algo similar a lo que pasa algunas veces entre padres e hijos con las compras de provisiones, sólo se dan cuenta de ellas cuando algo falta.

No puede pasarnos así a los que creemos en Jesucristo, pues sabemos con quién contamos; sabemos que Dios es nuestro Padre, que nos ha creado y amado desde la eternidad; que ha querido ser semejante a nosotros para demostrarnos que el amor del Padre supera todo, incluso la muerte; y que además, sin que se lo pidiéramos nos ha dejado, el Espíritu Santo que nos fortalece y levanta.

Elías recibió un manto que representaba la autoridad de su maestro y por confianza en esto pudo hacer el mismo milagro que aquel, todos nosotros contamos con el Espíritu Santo, en nosotros habita Dios ¿Por qué andar buscando aprobación o aceptación en los demás? que lo que nos interese sea amar impulsados por el Espíritu Santo y no el aplauso ajeno. “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres, para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial”.

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA XI DEL TIEMPO ORDINARIO

(1 Re 21, 17-29 / Sal 50 / Mt 5, 43-48)

Ayer escuchamos como la avaricia llevó a Ajab a permitir muchas injusticias, hoy le escuchamos como su pecado llegó a ser corrupción, le lleva a perder el pudor que, en palabras del Papa Francisco, «es lo que custodia, además de la verdad, la bondad, belleza y unidad del ser».

Al llegar el profeta no se confronta para nada, busca agradar “¿Has vuelto a encontrarme, enemigo mío?”… pero Elías le lleva un mensaje muy claro de parte de Dios “¿Así que, además de asesinar, estás robando?”. Dios nunca dejará de hacer justicia.

Por ello es necesario abrir nuestros corazones y permitirle que de fruto en nosotros, digámosle junto al salmista: “por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados”; experimentar su acción en nuestras vidas para poder amar de la misma manera que hemos sido amados.

Pidámosle a Dios que, conscientes de lo mucho que ya ha hecho en nosotros, pongamos todo nuestro empeño en amar a todos, buscando ser perfectos “como nuestro Padre celestial es perfecto”, y hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos. Prefiramos amar que vengar.

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA XI DEL TIEMPO ORDINARIO

(1 Re 21, 1-16 / Sal 5 / Mt 5, 38-42)

En la aclamación anterior al Evangelio se decía que la Palabra del Señor, son una antorcha para mis pasos y una luz en mi sendero, la pregunta entonces es ¿Qué tanto permitimos que ésta lo sea (antorcha y luz)? Hay que estar atentos a la Palabra para actuar conforme a su voluntad.

Cuando uno pierde de vista lo que Dios le dice, en su palabra, se arriesga a dejarse impresionar por cosas sin valor porque se hace vulnerable ya sea al afán de riquezas, el reconocimiento mundano y, por último, se hará soberbio, de esos que solo saben decir “yo, mí, me, conmigo”.

Estos tres pasos los reconocemos hoy en Ajab se encapricha con la viña ajena, hace berrinche por ella para salirse con la suya… acepta incluso la muerte de una persona “Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, fue a tornar posesión de la viña de Nabot de Yezrael”. Todo por pura desmedida ambición.

Nuestro amor al prójimo debe ser tan fuerte, que en los casos mismos de ofensa o abuso (bofetada) o en los que tiene la justicia a su favor (túnica, requisa, préstamo) debemos estar dispuestos siempre al perdón y a la generosidad para con todos, incluyendo al adversario. En correspondencia al amor recibido en el Espíritu Santo.

(P. JLSS)

XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ez, 17, 22-24 / Sal 91 / 2 Cor 5, 6-10 / Mc 4, 26-34)

Recuerdo aquellas clases de la escuela primaria en la que se nos enseñaba sobre la germinación de las plantas (el embrión se hincha, la cubierta de la semilla se rompe); en ella también se nos decía que para que esto pasara se requerían elementos básicos para el desarrollo de la planta (temperatura, agua, dióxido de carbono y sales minerales).

Esta clase se vino a mi memoria, por los ejemplos que el Señor ha puesto, “el Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece…” hijos la semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo ¿Le ofrezco tierra buena o qué clase de tierra somos? ¿Cómo acogemos la Palabra de Dios?

Hoy se nos invita a reconocer que la semilla que está en nuestro interior y el Espíritu Santo que nos capacita para dar mucho fruto. “Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía”. Conscientes de que el Señor no nos abandona y que a su tiempo daremos fruto… “estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor”.

Dejemos que el Espíritu Santo actúe en nosotros con libertad, para que la palabra Dios de en nuestras vidas, familias y actividades todos los frutos que necesitemos. “Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”. Nos rebasa.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA X DEL TIEMPO ORDINARIO

(1Re 19, 19-21 / Sal 15 / Mt 5, 33-37)

La Primera Lectura del día de ayer concluía con el encargo que el Señor hacía a Elias de ir a ungir como reyes a Jazael (de Siria) y a Jehú (de Israel). También, se le pide ir con Eliseo para ungirlo como profeta, su sucesor. Dios cuando elige lo hace confiando en nuestras capacidades.

Hoy escuchamos cuando Elías se encuentra a Elíseo, cabe detenernos en la respuesta dada por Elías a la petición de irse a despedir “Ve y vuelve, porque bien sabes lo que ha hecho el Señor contigo”… ¡Qué importante es no olvidar lo que ha hecho por nosotros para perseverar sin miedo!

En el Salmo escuchamos la misma idea, “tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré”; tenerle presente es reconocer que su amor nos envuelve y protege siempre, no es, como muchos erróneamente piensan un vigilante que está al pendiente de cuantos aciertos o fallas tenemos. Está presente ofreciéndonos su amor y gracia para que no nos quedemos tirados nunca.

Sabiéndonos invadidos por el amor de Dios, comprenderemos con mayor intensidad, las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: “Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”. Un Cristiano no busca agradar a nadie más que a Dios, porque es consciente de lo que se le ha dado. No devaluemos al Señor…

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA X DEL TIEMPO ORDINARIO

(1 Re 19, 9. 11-16 / Sal 26 / Mt 5, 27-32)

Cristo no vino a abolir la ley sino a darle plenitud. Hoy continuamos escuchando sus explicaciones “han oído que se dijo… pero yo les digo…” que buscan una conducta responsable y llena de caridad, no sólo un cumplimiento ciego de preceptos y normas. Hoy lo hizo en dos temas concretos el adulterio y divorcio.

El Señor lo que quiere es que nos dejemos impulsar por su acción, que seamos personas capaces de reconocer su continuo paso por nuestras vidas, y no que busquemos “agradarle” por privarnos de cosas. Dios nos ha demostrado que le agradamos y que nos ama, debemos comportarnos como amados.

Elías estaba escondido de aquellos que atentaban contra su vida y el Señor se le manifiesta, no lo hace ni en el viento huracanado, ni en el terremoto, ni en el fuego, él se manifiesta en el murmullo de una brisa suave… ¿te has dado tiempo de reconocer esas “brisas suaves” por las que Dios se hace presente en tu vida o te distraen otras cosas?

Pidamosle a Dios ser conscientes siempre de que le agradamos, también de lo mucho que nos ama para poder iluminar al mundo con la luz del Evangelio reflejada en nuestra vida. “Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía”… te ama, todo estará bien.

(P. JLSS)

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