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LUNES – SEMANA XX DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ez 24, 15-24 / Dt 32 / Mt 19, 16-22)

Ayer domingo escuchamos en el Evangelio que el Señor ha querido quedarse y ser nuestro alimento de vida eterna; hoy se nos invita a reconocer que muchas veces más que “hacer” necesitamos “dejar hacer”. Aprovechar todos los medios que Dios nos ha dado para vivir en su amistad.

La inquietud del joven del Evangelio, es similar a la que pudiéramos traer muchos de nosotros, “¿Maestro qué cosas buenas tengo que hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús nos respondería igual que al joven, primero nos centraría en su padre y nos invitaría a reconocerle a él cómo la máxima riqueza que podemos obtener.

¿Quieres ser perfecto? Trae todo lo que es valioso para ti a tu mente y pregúntate qué tanto serías capaz de dejar eso, sólo por fidelidad al Señor; nuestros apegos y vicios van a ser el mayor obstáculo para la actuación de Dios en nuestras vidas siempre. Porque es actuar como los israelitas que prefirieron abandonar a Dios que dejar sus nuevas costumbres en el exilio.

Pidámosle a nuestro Padre estar siempre atentos a su presencia en nuestras vidas, qué inflame nuestro corazón para amarle a Él sobre todas las cosas y buscar sólo saciarnos del alimento que él nos ofrece y que si nos trae la vida eterna.

(P. JLSS)

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO

(Prov 9, 1-6 / Sal 33 / Ef 5,15-20 / Jn 6, 51-58)

Hemos escuchado que nuestro Señor Jesucristo es el verdadero Pan de Vida por el que vale la pena trabajar, que permanece siempre con nosotros y nos da la vida eterna. ¿Jesucristo dijo esto en sentido metafórico? ¡Claro que no! Juan fue cuidadoso con ello.

Vale la pena detenerse en dos términos griegos que significan «comer» utilizados por Juan en este discurso: fage (???? = Acción de comer, devorar, consumir) utilizado hasta el versículo 54, donde lo cambia por el término trogon (?????? = Comer, roer, masticar, comer masticando). A partir de la frase “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día…” se utiliza trogon.

El Señor ha querido quedarse como alimento, para que no andemos sintiéndonos abandonándonos, en la Eucaristía nos encontramos cumplida la primera lectura en la que la sabiduría nos hace una invitación a cada uno de nosotros: “Vengan a comer de mi pan y a beber del vino que he preparado. Dejen su ignorancia y vivirán; avancen por el camino de la prudencia” solo da una condición «ser sencillos e ir hacia donde se encuentra»

Al celebrar día tras día la Eucaristía conmemoramos la entrega de Jesús hizo por cada uno de nosotros para que tuviésemos vida, «damos continuamente gracias a Dios Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo» y nos acercamos a este misterio quedando fortalecidos. Que el Señor nos «conceda venerar de tal modo los sagrados misterios de su Cuerpo y de su Sangre, y así experimentemos constantemente en nosotros el fruto de su redención».

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ez 18, 1-10. 13. 30-32 / Sal 50 / Mt 19, 13-15)

La manera más fácil para no asumir la responsabilidad de nuestras acciones es culpar a otros, así estaba el pueblo en el destierro: “los padres fueron los que comieron uvas verdes y son los hijos a quienes se les destemplan los dientes”, creen que no merecen los castigos que el profeta anuncia.

“Sépanlo: todas las vidas son mías, lo mismo la vida del padre que la del hijo. Así pues, el hombre que peque, ése morirá”. ¿Existen pecados con los que ya “pactaste” o hiciste una “tregua”? Estas justificaciones suelen ser acompañadas por frases como «lo mío no es tan malo», «no estoy tan mal como fulano», «esto no es pecado», etc. se nos pedirán cuentas de lo nuestro no de lo que hayan hecho los demás.

Lo que Dios quiere es que nos dejemos amar por Él, que aceptemos su misericordia infinita y nos arrepintamos de todas las infidelidades que hayamos cometido, que seamos dóciles a su gracia para aceptar el «corazón nuevo y el espíritu nuevo» que quiere darnos porque no quiere que ninguno de nosotros muera. Nos salva y capacita para lograr vivir rectamente.

Acerquémonos a Dios sin miedo, depositemos a sus pies nuestro pecado y aceptemos todo lo que nos ofrece, pidámosle que nos conceda sencillez para ir comprendiendo los misterios del Reino cada vez con mayor intensidad. Como hemos escuchado en el Evangelio el no desprecia jamás a quien se le acerca libremente. Recordemos como critico a aquel que se jactaba de no ser como los otros… (Cf. Lc 18, 11)

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ez 16, 59-63 / Is 12 / Mt 19, 3-12)

Dios nos ama hasta el extremo, por ello la palabra este día nos invita a reconocer las implicaciones que el amar conlleva, «recibamos la palabra de Dios, no como palabra humana, sino como palabra de Dios, tal como es en realidad». El amor siempre es un acto de libertad y voluntad.

Si queremos pensar en el amor que Dios nos tiene debemos gozarnos, por y en Jesucristo, ya que en Él se cumple lo que Ezequiel nos ha dicho: “Yo mismo haré una alianza eterna contigo y sabrás que yo soy el Señor, para que tengas presente tu pasado, te avergüences y no vuelvas a abrir la boca para presumir, cuando yo te perdone todo lo que hiciste”. Por más que le hayan quebrantado su alianza él ha permanecido fieles a nosotros ¿Nosotros que tanto a Él?

Por ello, ya que el cristiano reconoce el amor y la voluntad que Dios ha tenido de salvarle, no entiende un amor acomodaticio ni barato (o por lo menos no debería conformarse con ello). Sobre el divorcio ¿Por qué lo permitió Moisés? “Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así”. La raíz de tanto divorcio en el mundo, es que se le ha puesto nombre de “enamoramiento” hasta relaciones meramente políticas o sociales ¿Cómo puede durar eso?

¿Tienes problemas, inquietudes? Antes de cualquier decisión acelerada recuerda: “El Señor es mi Dios y salvador, con él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza y ha sido mi salvación”. Revisemos nuestra manera de amar leamos el capítulo 13 de la primera carta a los corintios, así nos ama Dios, así debemos amar también sus hijos…

(P. JLSS)

Funeral de José Miguel

Hoy se celebró en la catedral de Mexicali, el funeral de José Miguel, bebe expósito de 30 semanas de vida.
El Obispo de Mexicali, Mons. Jose Isidro Guerrero, celebró la Santa Misa. Al terminar la celebración agradeció a todas las persona e instituciones que se dieron cita en la Catedral.

La Pastoral de la Vida en nuestra diócesis tiene como una de sus tareas dar cristiana sepultura a los bebés que se han encontrado abandonados en basureros o en la calle. Con él suman 13 los niños a quienes se les ha tratado con la dignidad y el amor que sus padres no reconocieron.
Agradecemos a todos los que han ofrecido oraciones, tiempo, recursos, y sobretodo mucho amor.

JUEVES – SEMANA XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ez 12, 1-12 / Sal 77 / Mt 18, 21-19, 1)

Le hemos pedido a Dios en la Aclamación antes del Evangelio que nos mire benignamente y nos enseñe a cumplir sus mandamientos… ¿qué tan presente tienes, en tu día a día, todo lo que Dios ha hecho por ti? De eso va a depender mucho, la capacidad personal para cumplir con lo que el Señor nos pide.

Esto es, precisamente, lo que el Señor nos quiere enseñar en la parábola que escuchamos, donde el rey se muestra compasivo, lo suelta y hasta le perdona la deuda al morosa porque se lo suplicó. Pedro estaba interesado en saber cuántas veces debía perdonar, quién cree en Jesús debe estar preocupado en amar y no cuantificar el perdón.

Ante la incapacidad de perdonar de quien había sido perdonado, el rey de la parábola le reprocha “Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Lo que debe hacer que nos cuestionemos sobre aquello en lo que ponemos nuestra atención y confianza.

Quien pone su confianza más en el poder temporal o en sus capacidades en lugar de ponerlos en Dios, terminará decepcionado o abandonado (como escuchamos en la primera lectura), pidamos a Dios que nos de la capacidad de reconocer lo que ha obrado en nosotros, para no desesperarnos por cualquier cosa…

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SOLEMNIDAD LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

(Ap 11, 19; 12, 1-6. 10 / Sal 44 / 1 Cor 15, 20-27 / Lc 1, 39-56)

Celebrar la Solemnidad de la Asunción de María a los cielos, debe ser un motivo de total alegría para todos nosotros, en este misterio reconocemos el amor de Jesús por su madre, al no permitir que se corrompiera aquel cuerpo del cual Él asumió la humanidad; y al mismo tiempo es reconocer el cumplimiento del premio que nos tiene prometido, la vida eterna.

“Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos”. El término “primicia” era muy usado entre los judíos, con éste designaban los primeros frutos de la cosecha, consagrados a Dios, y en los que se consideraba incluido, en cierto modo, todo el resto, que quedaba con él lo bendecido y santificado. Con esta frase San Pablo, quiere enseñar que Cristo no quedará solo en su condición gloriosa, sino que llevará en pos de sí la “masa” de los otros muertos unidos a Él.

Por ello todos nosotros que formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, debemos estar seguros siempre aunque se viniera cualquier “dragón” del color que fuera a amenazarnos, porque somos conscientes de contar con Jesucristo el “hijo varón, destinado a gobernar todas las naciones con cetro de hierro”, del que habla el apocalipsis, que está con Dios en su trono. Nada puede vencernos unidos al Señor.

Pidámosle a Dios que aumente en cada uno de nosotros, la confianza en él y en su gracia, que el experimentarnos amados por él, nos haga evitar toda soberbia; que aumente nuestra alegría por lo que Jesús nos ha dado, la salvación y la gracia, por haber puesto sus ojos en nosotros “Santo es su nombre, y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen”.

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ez 2, 8-3,4 / Sal 118 / Mt 18, 1-5. 10. 12-14)

Ezequiel se postra «rostro en tierra» cuando reconoce la presencia de Dios, con toda su gloria y poder, en medio de su pueblo aun en el destierro. Pero Dios le levanta para que no se quede allí y le da su misión: “…escucha lo que voy a decirte y no seas rebelde como la casa rebelde. Abre la boca y come lo que voy a darte”.

Le envía a hablar a los hijos de Israel «lamentaciones y amenazas» a causa de su abandono a la fe, aunque el mensaje que dará es duro al pueblo, cuando el profeta lo recibe «le sabe dulce como la miel», porque toda misión que Dios da, aun parezca muy difícil, para el que la recibe es dulce y grata.

“Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron.” ¿Aún te da alegría haber sido “encontrado” por Cristo? ¿Reconoces en la misión que se te ha dado la capacidad que Dios te da? ¿Te es dulce o amarga?

Pidámosle a Dios reconocer su presencia y acción en nuestras vidas, reconocer su providencia en todo lo que él nos da, en todo lo que nos ha confiado y agradezcámoselo, mirar sólo lo que nos hace falta nos hace mal agradecidos y crea un falso sentimiento de abandono. Tomemos el yugo de Jesús y dejémosle cargar con nosotros, no estamos solos.

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ez 1, 2-5. 24-28 / Sal 148 / Mt 17, 22-27)

A Jeremías le fue dada la misión de predicar a los judíos de Palestina los caminos del Señor, anunciándoles los castigos y recriminándoles su pésima conducta; Ezequiel, por su parte se ocupó de mantener viva la fe yahvista en el destierro de Babilonia, los exilados, lejos reconocer la consecuencia de sus pecados continuaban con su apego a la idolatría.

La visión que describe Ezequiel significa la presencia de Dios en medio de su pueblo con todo su poder y gloria, quería dar respuesta al pueblo que acusaba a Dios de ser injusto con ellos al hacerles cargar con culpas de sus antepasados, el Señor siempre está en medio de su pueblo, lo que corresponde al pueblo es reconocerle.

La pregunta que Jesús le hace a Pedro, por quienes le cobraban el impuesto del templo va en el sentido a nuestro deber de reconocernos como hijos cuidados por Dios también “¿A quiénes les cobran impuestos los reyes de la tierra, a los hijos o a los extraños?”; después y sólo para no escandalizar a los judíos, manda que se pague este impuesto y que lo pague también pedro.

Nuestra preocupación debe estar en reconocernos hijos amados por Dios y no en ninguna cuestión secundaria, Dios que todo lo puede nos cuida, eso nos enseña el mandato que dio a Pedro “ve al lago y echa el anzuelo, saca el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti.” Si dejamos que Dios actúe no debemos preocuparnos Él se encargará de lo demás.

(P. JLSS)

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

(1 Re 19, 4-8 / Sal 33 / Ef 4, 30-5,2 / Jn 6, 41-51)

Estos últimos domingos hemos venido escuchando pasajes del capítulo 6 del Evangelio según san Juan: primero, escuchamos la multiplicación de los panes donde; después se nos enseñaba la necesidad de un alimento espiritual; hoy se nos invita a reconocer a Jesús como el Pan de la Vida.

¿A qué llamamos alimento? Al «conjunto de sustancias que los seres vivos comen o beben para subsistir». Pues ahora se nos invita a reconocer a Jesús, y la fuerza que tiene como nuestro alimento, “yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera”.

En la primera lectura, escuchamos a Elías lamentándose, huía de la brutalidad de Ajab y Jezabel, pero llego el momento en el que el cansancio y hartazgo le comienzan a ganar… “Basta ya, Señor. Quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres” ¿te has sentido o te sientes en estos momentos en una situación similar? ¿qué estás haciendo al respecto?

A Elías el Señor le envió pan y agua para que recobrara fuerzas con ellos, y así pasó. A nosotros, Dios nos perdonó por medio de Cristo, nos ha dado su gracia, no debemos causarle tristeza al Espíritu Santo, como Dice en Pablo. Permitámonos experimentar el amor de Dios y vivamos amando “como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y víctima de fragancia agradable a Dios”. Hagamos la prueba y acerquémonos a Jesús, el pan vivo que ha bajado para darnos vida, no andemos desnutridos teniendo ya nuestro alimento.

(P. JLSS)

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