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DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Mal 3, 19-20 / Sal 97 / 2Tes 3, 7-12 / Lc 21, 5-19)

Algo que no podemos perder de vista los que creemos en Cristo, es que él va a volver lleno de gloria para juzgar a vivos y muertos; Aquel que Ascendió un día volverá por todos los que son de él, ya sea que estén vivos o hayan muerto (cf. Rm 14, 8) ¿Cómo preparamos nuestro encuentro con Él?

Quienes esperan la venida del Señor, deben ser pacientes y no acelerados en la espera, porque quien actúa por impulso por lo general termina tomando decisiones equivocadas. Estamos hablando de paciencia no de dejadez, como el comenzaron a vivir en Tesalónica…

Cuando el Señor habla del fin, promete que si bien es cierto “Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”. Se trata de mantenerse firmes en él, no temer, no hay nada que nos pueda apartar de su amor y gracia, de estar atentos y levantar la cabeza porque se acerca la hora de nuestra liberación.

¿Te preocupa el fin del mundo? Que te preocupe más tu relación con Dios, que te preocupe amarlo y dejarte amar por él, quien está enamorado procura no fallarle al amado, no por obligación sino por correspondencia. Pidámosle a Dios que nos ame y dejemos que su amor nos mueva, el amor disipa todo miedo y siempre impulsa a ser mejor.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Sab 18, 14-16; 19, 6-9 / Sal 18 / Lc 18, 1-8)

“Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de su camino, tu palabra todopoderosa, Señor, como implacable guerrero, se lanzó desde tu trono real del cielo hacia la región condenada al exterminio…” esta parte de la primera lectura, se tomaba en el introito de la misa de media noche de navidad, queriendo decir que así como el ángel exterminador puso fin a la esclavitud egipcia, así también en el silencio de una noche somos librados de la esclavitud.

Después continúa el libro de la sabiduría diciéndonos, que para la liberación de su pueblo, hasta la creación entera actuó de manera diversa a su proceder para librar lo de todo daño. Nada, absolutamente nada puede hacer evitar la acción de Dios. Por ello se nos invito también en el Salmos a no olvidar los prodigios que el Señor ha hecho en nosotros.

En el Evangelio se nos ha contado la historia de la viuda que acudía al juez con frecuencia para pedirle que le haga justicia contra su adversario, lo hizo por mucho tiempo, fue tan perseverante que el juez, por su insistencia le concedió lo que le pedía… después Jesús termina: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?”

Hemos escuchado que en el silencio llega la salvación de Dios, que no habrá nada ni nadie que pueda impedir su acción y que en el momento indicado él nos hará justicia. Ahora la pregunta que nos debemos hacer es ¿tengo la fe suficiente para esperar la acción de Dios? Pidámosle a nuestro Padre que fortalezca nuestra esperanza, para no andar temiendo nada ni a nadie, por saber con quién contamos.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Sab 13, 1-9 / Sal 18 / Lc 17, 26-37)

Las lecturas de este día me recordaron una oración de Pedro Arrupe: «¡Enamórate! Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera.»

¿Qué tanto piensas en Dios y qué tanto en otras cosas? Cuando se nos presentan lecturas de sobre “la manifestación del Hijo del hombre”, del fin del mundo y demás, debemos tener la actitud de tranquilidad de la que nos habla el Evangelio. Porque quien vive atento al amor de Dios y conforme a él debe anhelar encontrarse con el amado.

En la primera lectura escuchamos como “reflexionando sobre la grandeza y hermosura de las creaturas se puede llegar a contemplar a su creador.” Con cuanta mayor razón, quienes hemos reconocido la obra de la redención de nuestro Señor Jesucristo, debemos estar gozándonos en ello y no en lo negativo.

Pidámosle a Dios que por la fuerza del Espíritu Santo vivamos siempre con la tranquilidad de sabernos amados por él, para que sintamos la tranquilidad de que si el fin del mundo viniera, nuestra actitud debe ser la de estar atentos y levantar la cabeza porque se acerca la hora de la liberación, no hay nada que temer.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Sab 7, 22 – 8, 1 / Sal 118 / Lc 17, 20-25)

¿Qué tanta paciencia tienes? ¿eres capaz de aguardar pacientemente la respuesta de Dios ha tus necesidades o te desesperas con prontitud? Nuestra paciencia va a depender de la confianza que tengamos en Dios. Quien confía plenamente en aquel que lo puede auxiliar no se desespera tan fácil.

Jesús en el Evangelio responde a una interrogante sobre la llegada del reino de los cielos que le hacen los fariseos, a lo que les responde que su llegada no sería de manera ostentosa, no sería un espectáculo, sino una acción de Dios que ya estaba en medio de ellos.

A ti y a mí el Señor nos podría responder lo mismo, muchas veces esperamos que sus respuestas sean inmediatas y aparatosas, cuando lo que deberíamos hacer es dejarle actuar más en nuestro interior, donde él habita. Nosotros somos los sarmientos, debemos permanecer en la Vid para poder dar fruto abundante.

Pidámosles a Dios que acreciente en cada uno de nosotros, la confianza en él y en su presencia en nuestras vidas, dejémonos iluminar por su sabiduría eterna. “La sabiduría es un espíritu inteligente, santo, único y múltiple, sutil, ágil y penetrante, inmaculado, lúcido e invulnerable, amante del bien, agudo y libre, bienhechor, amigo del hombre y amable, firme, seguro y sereno, que todo lo puede y todo lo ve, que penetra en todos los espíritus: los inteligentes, los puros y los más sutiles.”

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Sab 6, 1-11 / Sal 87 / Lc 17, 11-19)

Que importante es valorar la misericordia de Dios, reconocer que lo que hace por nosotros es por pura generosidad suya, porque si uno se olvida de esto corre el riesgo de ya no reconocer las bendiciones de Dios en su vida y de sólo acordarse de él cuando algo no va bien para reclamarle.

En el libro de la sabiduría les recuerda a los gobernantes (y a cada uno de nosotros): “El Señor les ha dado a ustedes el poder; el Altísimo, la soberanía; él va a examinar las obras de ustedes y a escudriñar sus intenciones.” Nadie debe olvidar que toda autoridad proviene de Dios, y por lo tanto debe de ser muy cuidadoso. (cf. Jn 19, 11 Jesus con Pilato)

¿tienes la capacidad de reconocer todas las bendiciones que Dios sigue haciendo en tu vida o no? En el Evangelio escuchamos la curación que Jesús hace de diez leprosos, los diez le pidieron que se compadeciera de ellos, los diez fueron curados pero sólo uno fue capaz de agradecer y encontró la salvación.

El único personaje que se regresó a agradecer era un samaritano, una persona que sabia del rechazo existente entre judíos y ellos, confía más en Jesús que en los impedimentos y encuentra la salvación, que el Espíritu Santo nos de la capacidad de reconocer la autoridad del Señor e ilumine nuestras mentes para siempre confiar más en su poder que en ningún impedimento humano. Aprendamos del leproso agradecido.

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

(Sab 2, 23 – 3, 9 / Sal 33 / Lc 17, 7-10)

#HomiliaDiaria

Seguimos con la lectura continuada de san Lucas, después de exhortar a los discípulos a no ser ocasión de pecado para los demás y hoy escuchamos otra fuerte aclaración, no deben ser jactanciosos por el servicio que prestado: “Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’”.

Es bien bello que le reconozcan a uno su labor, uno debe estar atento a no distraerse y confundir el respeto que le llegasen a mostrar como si se debiera a su mera persona, de estas distracciones surgen muchos pecados: el desprecio por los demás, la falta de empatía, la tiranía, etc…

¿Cómo saber vamos bien? Haz una balanza y cuestiónate qué tanto interés pones en mirar lo que el otro hace y qué tanto en hacer lo que te toca. Quien se fija más en los demás, está comenzando a dejar (o ya dejó) de mirar hacia dentro de sí mismo. “Los que confían en el Señor comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos.”

Pidámosle a Dios que nos dé la humildad para reconocer que somos siervos, que nunca nos creamos los dueños de su rebaño; que nos dé la fuerza para perseverar en su camino sin desfallecer y preocuparnos por hacer lo que nos toca bien hecho, independientemente de las amenazas, tengamos siempre presente que “las almas de los justos están en las manos de Dios y no los alcanzará ningún tormento.”

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Sab 1, 1-7 / Sal 138 / Lc 17, 1-6)

“No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca!” Quien cree en Jesucristo debe procurar comportarse como quien se sabe amado por Dios, su mentalidad debe estar centrada en el amor que Dios le ha manifestado y en procurar jamás perderlo.

Es importante entonces pedirle a Dios que nos conduzca siempre por sus caminos y no poner resistencia alguna, que nos dé la fortaleza para confiar en su gracia y en que él nos conoce, nos envuelve por todas partes y tiene puesta sobre nosotros su mano.

Procuremos ser auténticos en nuestra fe, pidámosle a Dios que nos ilumine, reconozcamos que “El santo espíritu, que nos educa, y huye de la hipocresía, se aleja de la insensatez y es rechazado por la injusticia.” De acuerdo a cómo sea nuestra autenticidad será la fuente a la que acudimos buscando luz. ¿Buscas quedar bien con los hombres más que con Dios?

Pidamos a Dios que nos ayude a valorar la misericordia que ha tenido con nosotros, sólo así podremos ser misericordiosos con los demás, podremos perdonar al otro todas las veces que sea necesario, pues tendremos presente que la medida que utilicemos con los demás será la misma que se utilizará con nosotros. “La sabiduría no entra en un alma malvada, ni habita en un cuerpo sometido al pecado”.

(P. JLSS)

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO


(2Mac 7, 1-2. 9-14 / Sal 16 / 2Tes 2, 16-3, 5 / Lc 20, 27-38)

¿Te atemoriza hablar de la muerte? En la primera carta a los corintios San Pablo dice algo que debemos tener presente en nuestras mentes siempre: “Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.” (1Cor 15, 13-14)

Sería para que todos nosotros pudiéramos decir como el cuarto muchacho de la primera lectura: “Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la firme esperanza de que Dios nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida” ¿cómo anda tu esperanza?

Dios es un Dios de vivos no de muertos, no debemos perder de vista que, a los que creemos en Cristo, la muerte no nos hace nada. Pidámosle al Señor que dirija nuestro corazón para que amemos a Dios y logremos esperar pacientemente la venida de Cristo.

Padre bueno, te pedimos que acrecientes nuestra fe en la victoria de tu hijo, para no andar temiendo a nada ni nadie, que podamos vivir confiados, porque a nuestro maestro, ni matándolo lo vencieron. Los que somos de Cristo algo tenemos seguro… ¡la resurrección! ¿Donde está muerte tu victoria?

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Fiesta de la dedicación de la Basílica de Letrán

(Ez 47, 1-2. 8-9. 12 / Sal 45 / Jn 2, 13-22)

#HomiliaDiaria

Hoy celebramos la dedicación de la Basílica de Letrán, esta basílica es la primera en antigüedad y dignidad, construida por el emperador Constantino hacia el 320 d.C., con esta celebración recordamos el ministerio del Papa, sucesor de san Pedro, que constituye el principio y fundamento de la unidad.

En el Evangelio escuchamos cuando nuestro Señor, expulsa del templo a los cambistas y vendedores diciéndoles: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”, hoy que recordamos la consagración de la basílica del Papa, pidamos por él y por cada uno de nosotros para dar testimonio de nuestra fe con nuestra propia vida.

Cuando los discípulos vieron a Jesús expulsando a estos personajes recordaron lo que estaba escrito: “El celo de tu casa me devora…”, oremos por el Papa Francisco, que el Espíritu Santo lo ilumine, no debemos permitir que supuesto celo nos haga juzgarlo a la ligera y quizá influenciado hasta por los medios. Muchos de los que le aplauden sus gestos misericordiosos son los primeros que le tiran cuando amenaza su fe acomodada y acostumbrada.

La Iglesia es ese torrente en el cual actúa el Espíritu Santo va dando frutos y todo lo necesario para vivir, ser curados. Pidámosle pues a Dios por las intensiones del Santo Padre, por nuestros obispos y párrocos para que nunca olviden la importancia de la unidad y la prudencia. “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.” (Jn 17, 20-21)

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO


(Rm 15, 14-21 / Sal 97 / Lc 16, 1-8)

¿Qué tanto disfrutas el amor y la gracia de Dios? Cuando uno se percibe amado y salvado por el Señor, y deja que esta experiencia siga creciendo más y más, necesariamente irá renunciando a aquello que ponga en peligro este inmenso don. Es una lucha personal por no perder tanto y no por miedo a quebrantar un precepto.

El administrador Astuto al saber que iba a ser destituido, comienza a hacer nuevos tratos con los deudores de su patrón, para asegurar su por venir; las palabras del Señor: “los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz”, nos deben llevar a cuestionarnos porqué nos puede atemorizar mas el perder bienes que perder nuestra relación con Dios.

San Pablo reconoce que en su servicio a Dios, en lo que se tenía que gloriar era en Cristo Jesús, “pues no me atrevería a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por mi medio para la conversión de los paganos, valiéndose de mis palabras y acciones, con la fuerza de señales y prodigios y con el poder del Espíritu Santo.” ¿Quieres que el Señor haga prodigios en tu vida? No te esfuerces tanto por «hacer», sé muy dócil a la gracia y déjale actuar.

Pidámosle a Dios que por la fuerza del Espíritu Santo, nos hagamos buenos administradores de su gracia, según el don que hayamos recibido… si alguno presta un servicio, hágalo en virtud del poder recibido de Dios, para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. (cf. 1Pe 4, 10-11)

(P. JLSS)

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