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SÁBADO DE LA VII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

(St 5, 13-20 / Sal 140 / Mc 10,13-16)

¿De qué manera me relaciono con Dios? ¿Lo considero como algo lejano o como un Padre amoroso? En el Evangelio vemos como los discípulos tratan de impedir que puedan llegar a Jesús unos niños que le llevaron. Cosa que disgusta a Jesús.

Saint-Exupéry en “El Principito” dice que: “Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan”; para ser como niños necesitamos solamente sabernos protegidos por un Padre que nos ama, fortalecidos por la gracia del Hijo e impulsados por el Espíritu Santo.

Dios ha querido revelar los misterios del Reino a la gente sencilla, a los que son como niños… un niño no se preocupa por la estructura de una frase, sino por querer comunicarse; no le preocupa lo que le falta, goza lo que tiene; añora nada más sentirse amado, y no necesita cosas para creerse valorado. El amor le basta.

Pidamos a Dios la sencillez necesaria para que nuestra oración no se convierta en una especie de monologo simple, sino que sea en realidad para nosotros un diálogo sincero con quien sabemos que nos ama hasta el extremo. Que su amor nos baste.

(P. JLSS)

VIERNES DE LA SEMANA VII DEL TIEMPO ORDINARIO

(St 5,9-12 / Sal 102 / Mc 10,1-12)

¿Soy una persona sincera? ¿Mi sinceridad (o falsedad) se rige por mi conveniencia personal o por la verdad? Son preguntas a las que las lecturas de este día nos llevan, pues además de reconocer que la palabra del Señor es la Verdad hemos pedido ser santificados por su medio.

En estas preguntas se incluye también a Dios, ya que muchas veces aceptamos de nuestra fe solamente lo que nos gusta y “conviene”, pero en aquello en lo que se nos pide un mayor esfuerzo y compromiso buscamos hacer interpretaciones personales. Justificar nuestro incumplimiento.

Así se acercan los fariseos a Jesús, no buscaban una explicación de la Palabra de Dios, buscaban ponerle a prueba. ¿Nos acercamos a Jesús para que nos enseñe cual es la voluntad del Padre, para vivirla o para qué?

En la carta del apóstol Santiago se nos invita a soportar los sufrimientos sin perder de vista que el Señor es compasivo y misericordioso, aceptando que nunca dejará de protegernos, acompañarnos y amarnos. En esta certeza debe cimentarse nuestra fe, para que sea madura y sincera. Que nuestro sí siempre sea sí y nuestro no siempre sea no.

(P. JLSS)

FIESTA DE JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE

 

(Hb 10, 12-23 / Sal 39 / Lc 22, 14-20)

“Ciertamente que un sumo sacerdote como éste era el que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos; que no necesita, como los demás sacerdotes, ofrecer diariamente víctimas, primero por sus pecados y después por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.” (Hb 7, 26-27)

Hoy celebramos el acto de ofrecimiento por nuestros pecados realizado por Cristo, pero también celebramos la institución del Sacerdocio Ministerial, por medio del cual todos los fieles reciben con certeza, la gracia de Nuestro Señor.

Por medio de este ministerio los fieles: son injertados a la Iglesia, por el bautismo; celebran la Eucaristía (fracción del pan) diariamente; reciben la absolución de sus pecados; la bendición de su vida matrimonial, asistencia y acompañamiento en su enfermedad.

Pero algo que no podemos olvidar es que por el bautismo, todos hemos fuimos configurados con Cristo Profeta, Sacerdote y Rey. Es otras palabras, que toda nuestra vida es sacerdotal, en cuanto que unida a la de él, se convierte en una completa oblación al Padre.

Agradezcámosle a Dios Padre, por la redención que Cristo nos obtuvo. Pidamos la santificación de todos los Sacerdotes que a lo largo del mundo deben conducir hacia Dios a aquellos que no lo conocen. Y pidamos también, saber “completar en nuestra carne lo que falta a la Pasión de Cristo” (Cf. Col 1,24), mediante nuestro ofrecimiento diario.

(P. JLSS)

DOMINGO VI DE PASCUA

(Hch 15, 1-2. 22-29 / Sal 66 / Ap 21, 10-14. 22-23 / Jn 14, 23-29)

De la ciudad descrita en el libro del Apocalipsis formamos parte todos nosotros, todos los que nos sabemos redimidos por nuestro Señor Jesucristo. Los que nos sabemos cimentados en los apóstoles.

Todos los que amamos a Jesús y nos sentimos amados por él, sabemos que él ha querido hacer su morada en cada uno de nosotros, dándonos sólo una condición: cumplir sus palabras.

No nos impone más cargas que las estrictamente necesarias, es decir: vivir como personas que se saben amadas por Dios y demostrar con nuestras acciones diarias que creemos en Dios.

¿Qué tan fiel soy en lo cotidiano? ¿Soy consciente de que el Espíritu Santo está en mí y valoro su presencia? ¿Le pido su auxilio? Jesús nos dejó su paz, para que nunca nos acobardemos.

Nunca debemos permitirnos creer que estamos perdidos o en tinieblas, si es la Gloria de Dios la que nos ilumina y el Cordero nuestra lumbrera. Pidamos a Dios su Espíritu para aceptar su paz confiando en su constante compañía.

(P. JLSS)

JUEVES DE LA V SEMANA DE PASCUA

 

(Hch 15, 7-21 / Sal 95 / Jn 15, 9-11)

Ahora la Palabra nos invita a renovar nuestra vida de fe y la manera en que quiero vivir la misma; y es que puede sucedernos como a los personajes de la Primera Lectura, que discutían sobre si se debía o no circuncidar a los paganos.

Y es que algunos ponían a la “Ley” por encima hasta del mismo Dios, buscaban hacer cumplir un precepto judío valido pero ignoraban al mismo tiempo que el Padre conoce los corazones y había mostrado su aprobación a los “paganos” por el Espíritu Santo que se les había dado.

Pedro confirma esto aclarando que los judíos y los paganos serían salvados por la gracia del Señor Jesús, que fue el mismo Dios quien se dignó a elegirlos y que por lo tanto no se debía molestar con cargas extras a quien se convierte a Él.

¿Quiénes somos para ponerle trabas a este acto de amor y elección de Dios por nosotros? ¿Qué es lo que se nos pide entonces? Dos cosas: aceptar que Cristo nos ama como el Padre lo ama a Él y permanecer en este amor. Sin ponernos a juzgar si somos dignos o no, pues es Dios nos hace dignos.

Pidámosle a nuestro Padre humildad para aceptar la grandeza de su amor y también fortaleza para no cansarnos nunca de luchar por ser más correspondientes.

(P. JLSS)

MARTES DE LA V SEMANA DE PASCUA

(Hch 14, 19-28 / Sal 144 / Jn 14, 27-31)

Perseverar en la fe y la esperanza de que Dios Padre por la Resurrección de su Hijo nos rescató para la vida eterna, es la invitación que hoy nos hace la Liturgia de la Palabra.

En la Primera Lectura se nos narra cómo Pablo por su predicación es víctima de intrigas en su contra, apedreado al grado de ser dado por muerto y arrastrado hasta las afueras de la ciudad. Pero por la firmeza de su fe y su confianza en Dios, en cuanto vuelve en sí, regresa a la ciudad a predicar.

Ante las injusticias que nos suceden por seguir a Dios ¿Cómo reaccionamos?  ¿Nos acobardamos o nos sujetamos por saber que nada puede más en nosotros que la gracia y el amor de Dios? Pablo vuelve y anima a los discípulos a perseverar en la fe.

Grabemos en nuestro corazón las palabras de nuestro Señor que nos dice: “No pierdan la paz ni se acobarden”. Reconozcamos su acción en nuestras vidas y busquemos como dijimos en el Salmo: “bendecir al Señor eternamente” con palabras y obras.

(P. JLSS)

LUNES FIESTA SAN MARCOS, EVANGELISTA

(1 P 5, 5-14 / Sal 88 / Mc 16, 15-20)

El día de hoy celebramos que san Marcos dio cumplimiento al mandato de Jesús de ir por todo el mundo y predicar a toda creatura; también agradecemos a Dios su providencia al inspirarlo para escribir su Evangelio, que según la tradición recoge la predicación de San Pedro.

En la Primera Lectura san Pedro se refiere a Marcos como su hijo, y a todos nosotros también sus hijos, nos hace una serie de recomendaciones:

Ser humildes, ya que Dios es enemigo de los soberbios, y a los humildes les concede su gracia; también, pide abandono a las manos de Dios y a dejar sus preocupaciones en sus manos, ya que él cuida de nosotros.

Confiemos en Dios que nos ama, nos cuida y es la fuente de todos los bienes, Él siempre nos restaurará, afianzará, fortalecerá y hará inconmovibles. Que sea en esta certeza donde encontremos nuestra paz.

Dios nos ama porque decidió hacerlo, así lo quiso Él, esa es la Buena Noticia que somos enviados a compartir.

(P. JLSS)

DOMINGO V DE PASCUA (Hch 14, 21-27 / Sal 144 / Ap 21,1-5 / Jn 13, 31-33. 34-35)

 

El mandamiento nuevo dado por nuestro Señor en el Evangelio es: amarnos los unos a los otros como él nos ha amado, es decir, entregándose totalmente, no haciendo distinción de personas, orando por el otro, siendo su servidor, etc…

Es tan grande este mandamiento que lo pone como garantía y testimonio de nuestro discipulado, “por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”. ¿Cómo ando en mi manera de amar? ¿Es pura o busca beneficios personales?

Después de nuestra experiencia de amor de Dios, no podemos más que alegrarnos cuando sabemos que otro está viviendo esta maravillosa experiencia.

Pablo y Bernabé, nos dan un gran ejemplo, se alegran por la apertura a la fe por parte de los paganos y comparten su alegría; animaban a los discípulos de Jesús a Perseverar en la fe.

Aclaraban que es cierto que hay que pasar por muchas tribulaciones, pero en todas ellas saldremos vencedores por aquel que nos amó, ama y amará. El amor de Dios hace nuevas todas las cosas.

Pidámosle a Dios experimentar su amor y así demostrar con nuestras obras y actitudes que somos discípulos que se saben muy amados.

(P. JLSS)

IV DOMINGO DE PASCUA DOMINGO DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

 

(Hch 13, 14. 43-52 / Sal 99 / Ap 7, 9.14-17 / Jn 10, 27-30)

¿En verdad considero a Jesús como mi Pastor? Es hermosa esta imagen dada por Jesús en el Evangelio de este día, se muestra cómo mira a todos los que nos acercamos a él: “como un don del Padre”.

La identificación del ministerio de Jesús y el trabajo de un pastor nos dice que para Dios significamos mucho, que somos un rebaño valiosísimo que merece ser guiado, protegido totalmente por el que vale la pena dar la vida.

Con tal Pastor no debemos temer a sufrir hambre, ni sed, ni que nos queme el sol, ni que nos agobie el calor. Ya que tenemos certeza de que él nos conducirá a las fuentes del agua de la vida, y será él mismo quien enjugará toda lágrima de nuestros ojos.

¿Qué debemos hacer para conseguir esto? Escuchar la voz de Jesús y seguirle sin temor, confiando en su amor y en su gracia.

Que el Espíritu Santo nos dé la plena confianza en nuestro Buen Pastor, para no temer a nada de lo que venga, ya que es él quien siempre acompaña nuestro caminar.

Pidamos por todas las vocaciones, para que Dios nuestro Padre envíe más operarios para llevar su mensaje a aquellas ovejas que no se saben salvadas y acompañadas.

(P. JLSS)

LUNES DE LA SEMANA IV DE CUARESMA

 

(Is 65, 17-21 / Sal 29 / Jn 4, 43-54)

El Señor infundió sobre cada uno de nosotros su Espíritu porque quiere que vivamos según sus preceptos y cumplamos sus mandamientos, sólo necesitamos una cosa, dejarnos mover por las inspiraciones de él.

Dejemos que el Espíritu Santo nos mueva para alabar a Dios libremente. Y reconocer que Dios es quien nos da la paz en cualquier duelo y que en él tenemos que buscarla.

El Señor que siempre está con nosotros, nos permita ser dóciles para buscar siempre el bien, y no poner atención en otras cosas más que en Él.

Imitemos al padre que en el Evangelio pide la sanación de su hijo, aprendamos de este sujeto, no solamente pide, sino que también, cree a Jesús.

¿Nosotros creemos que Jesús puede cumplir lo que le pedimos o sólo le pedimos por costumbre?

Que en nuestra búsqueda permanente del bien seamos capaces de reconocer la voluntad de Dios inclusive en aquellos momentos en los que pareciera que somos ignorados, para poder reconocer la acción amorosa de Dios que no abandona jamás a quienes lo buscan con sincero corazón.

(JLSS)

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