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LUNES – SEMANA XXX DEL TIEMPO ORDINARIO


Fiesta de los Santos Simón y Judas, Apóstoles
(Ef 2, 19-22 / Sal 18 / Lc 6, 12-19)

Celebrar a los apóstoles siempre es un motivo de alegría, en ellos reconocemos que el Señor no se deja impresionar por capacidades o criterios meramente humanos, Él pone mayor atención en el corazón y en la docilidad a su acción ¿Confías en la acción de la gracia o solamente en tus capacidades?

Muchos de nosotros nos autolimitamos en ocasiones por creernos carentes de algunas cualidades, que por prejuicio o etiquetas no desarrollamos libremente, se trata de confiar en Dios que nos envía, reconociendo que somos “conciudadanos de los santos y pertenecen a la familia de Dios, porque hemos sido edificados sobre el cimiento de los apóstoles y de los profetas, siendo Cristo Jesús la piedra angular.” Ya no sólo extranjeros ni advenedizos.

Cada uno de los apóstoles fue elegido por nuestro Señor después de hacer oración; casi todos, pusieron su confianza únicamente en él; sólo uno no lo logró, por dejarse distraer por otras cuestiones o circunstancias, los demás aunque con miedo no traicionaron al maestro.

Pidámosle a Dios que a ejemplo de los apóstoles, nos interese más el sabernos elegidos por él para ser santos; que nuestras fragilidades y limitaciones nos lleven a reconocer su misericordia; y que su amor y gracia sea a lo único que le permitamos ejercer fuerza en nuestra vida.

(P. JLSS)

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO


(Sir [Eclo] 35, 15-17. 20-22 / Sal 33 / 2Tim 4, 6-8. 16-18 / Lc 18, 9-14)

El domingo pasado, y durante toda la semana de alguna forma, se nos invitaba en la Palabra a perseverar agradecidos a un lado del Señor, a no desfallecer ante nada ni acostumbrarnos jamás a contar con Dios. Hoy se nos invita a reconocer nuevamente su misericordia, no nos ama por ser “perfectos”, sino porque ha decidido hacerlo.

Cómo escuchamos en la primera lectura, Dios no se deja impresionar por apariencias, a él no lo vamos a “apantallar”, nos conoce, sabe de que estamos hechos, nos ama y si confía en nosotros nos pide hacer todo lo que está a nuestro alcance para lograrlo. Para poder estar con la tranquilidad de Pablo: “He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará…”

Quien vive de la apariencia se hace incapaz de contemplar sus errores o limitaciones, está tan ocupado en quedar bien con todos que se olvida de sí mismo, ya no reconoce ni sus pecados y se creerá superior a todos: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano…”, el fariseo da gracias por no ser como el otro ¡qué fuerte!

Quien se ha encontrado con Cristo, sabe que “Dios reconcilió consigo al mundo, por medio de Cristo, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación.” Quien deja de ver la misericordia se hará como el fariseo, quien se deja tocar por la misericordia será como el publicano, consciente de la misericordia “Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador”, siempre estará abierto a la fuerza de Dios. ¿Te sigues dejando impresionar por Dios o ya te acostumbraste? ¡Dejémonos renovar por su misericordia!

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO


(Rom 8, 1-11 / Sal 23 / Lc 13, 1-9)

Las preguntas que hemos escuchado en el Evangelio que nuestro Señor les hace a los hombres que vienen a contarle que Pilato había matado a unos galileos mientras ofrecían sacrificios, nos las podríamos hacer a nosotros mismos poniendo cualquier desgracia de las noticias ¿crees que porque a ellos les pasó eso son más pecadores que tú?

Las desgracias o accidentes públicos nos deberían llevar a cada uno de nosotros, primero, a pedir por quien las sufre, también, deberían llevarnos a recapacitar y agradecer que no nos haya pasado a nosotros porque aun podemos volver a Dios, “que no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva”.

Jesus nos invita a evitar toda idea de que las desgracias que se presentan en el mundo deben ser interpretadas como abandono o castigo divino, si no nos ha pasado nada a nosotros puede ser porque nos están «aflojando la tierra» o «abonando» con la esperanza de que demos fruto. ¡Haz Señor que te busquemos!

Señor, sabemos que «el desorden egoísta del hombre es enemigo tuyo: no se somete, ni puede someterse a la voluntad de Dios. Y que por eso, los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradarte» por eso te pedimos que nos libres de ella y que no nos permitas separarnos de ti. “Pues, si estamos unidos a Cristo Jesús, la ley del Espíritu vivificador nos ha librado del pecado y de la muerte.”

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO


(Rom 7, 18-25 / Sal 118 / Lc 12, 54-59)

Quienes me conocen saben que me gusta mucho decir, en referencia al pecado, que “una cosa es caer y otra aventarse”. Quien se conoce está consciente de cuáles son aquellas cosas que le ayudan, en su perseverar en la vida cristiana, y cuáles no. ¿cuáles son tus mayores dificultades en el seguimiento de Cristo? ¿Sabes qué es aquello que más te cuesta dejar?

“Cuando ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover, y en efecto, llueve… ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente?” ¿Qué tanto se nos podrían aplicar estas palabras del Evangelio? San Ignacio de Loyola decía “quien evita la tentación evita el pecado”, para lograr evitar la tentación es necesario tener bien claro aquello que más me limita y esclaviza.

Todos podemos sentir necesidad de decirle al Señor, como el salmista, “Enséñame a gustar y a comprender tus preceptos, pues yo me fío de ellos. Tú, que eres bueno y haces beneficios, instrúyeme en tus leyes.”; pero quizá lo que más necesitamos la mayoría es que nos haga valorar más su amor, que nos dé miedo perder la amistad con él.

En lugar de angustiarnos por el pecado, debemos poner nuestra atención en la gracia de nuestro Señor, Unámonos cada vez más a Jesucristo, interesémonos más por ello, no perdamos tanto tiempo en el pecado, nuestra atención debe ponerse en nuestro Señor, pues. “¿Quién me librará de este cuerpo, esclavo de la muerte? ¡La gracia de Dios, por medio de Jesucristo, nuestro Señor!”

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO


Fiesta de San Rafael Guízar y Valencia, obispo. 
(Is 61, 1-3 / Sal 22 / Jn 10, 11-16)

Hoy celebramos la fiesta de San Rafael Guízar y Valencia fue obispo de Veracruz, es el primer obispo latinoamericano canonizado, es el patrono de la Conferencia Episcopal Mexicana, se le ha encomendado a todos los obispos de nuestro país, a él que fiel a su misión procuró “ganar almas para Dios”.

Cada santo nos recuerda que si se puede permanecer fiel a la voluntad de Dios y confiarse en él, que contando con su amor no se debe temer nada. Cada santo, además, es un ejemplo de aceptar el camino particular para alcanzar la santidad, para san Rafael Guízar fue el ser obispo cercano y trabajado ¿Cuál es el camino que Dios ha trazado para ti?

Un Santo no olvida jamás las palabras del Salmo: “El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.” ¿Qué crees que sea aquello que Dios te está pidiendo en estos momentos? Aquel lugar al que te está mandando a ti “para llevar a los pobres la buena nueva y anunciar la liberación a los cautivos.”

Pidámosle a Dios la fortaleza para aceptar su voluntad en nuestras vidas, que podamos perseverar conscientes de su compañía y agradecidos por su amor dar en todas nuestras actividades lo mejor de nosotros, actuando como buenos pastores y no cómo asalariados. Ya lo decía san Agustín: “Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.”

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO


(Rom 6, 12-18 / Sal 123 / Lc 12, 39-48)

La paciencia y la perseverancia deben hacerse más grandes en nosotros conforme vamos conociendo a Jesús y nos dejamos amar por él ¿Cómo se puede aguardar a alguien pacientemente si no se le conoce? A veces en eso recae nuestra impaciencia. Debemos dejar que el Señor se involucre completamente en nuestras vidas.

Debemos dejar que su obra redentora alumbre todos los recovecos de nuestra vida que toda ella sea invadida por su luz, por su amor, por la paz y serenidad que él trae consigo. Reconocer como el salmista “Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte cuando los hombres nos asaltaron, nos habría devorado vivos el fuego de su cólera. Las aguas nos hubieran sepultado, un torrente nos hubiera llegado al cuello, un torrente de aguas encrespadas…”

La manera más sencilla de cumplir el mandato del Señor: “Estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre.” Es esforzándonos por vivir de acuerdo al amor que nos ha manifestado, no se trata de que nosotros hagamos mucho, sino de dejarle hacer mucho a él en nosotros.

A qué prefieres someterte ¿Al amor de Dios o al pecado? “Si ustedes son esclavos del pecado, es para su propia muerte; si son esclavos dela obediencia a Dios, es para su santificación.” No nos dejemos distraer con los gozos momentáneos del pecado, aferrémonos al amor de Dios, garantía de lo eterno… ¡vivamos bajo el régimen de la gracia!

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO


(Rom 5, 12. 15. 17-19. 20-21 / Sal 39 / Lc 12, 35-38)

Recuerdo que cuando recién comenzaba en mi caminar al lado de Jesús, escuchar en el Evangelio frases como estas, “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas… Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela.” Me parecía un esfuerzo enorme, hasta podríamos decir que me desanimaba un poco.

Hoy sé que esto es una invitación a perseverar, a no dejarse distraer por nada, a procurar aceptar la voluntad de Dios y asumirla. Sólo quien comete una infracción piensa en el reglamento roto, quien se mueve en libertad y por convicción cumplirá el reglamento, en ocasiones sin darse cuenta.

Si te estás preocupando mucho por el esfuerzo que será permanecer fiel al Señor, como yo antes, estás poniendo tu atención en ti solamente, y corres el riesgo de no llegar a reconocer la gracia que se te ofrece y que te sostiene, no estamos solos en nuestro perseverar Dios nos auxilia.

Pongamos nuestra atención en Dios, en su amor y su gracia, y pidámosle reconocer con mayor profundidad toda la obra de nuestra redención, para no olvidar que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, para que así como el pecado tuvo poder para causar la muerte, así también la gracia de Dios, al justificarnos, tenga poder para conducirnos a la vida eterna por medio de Jesús, nuestro Señor.”

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO


(Rom 4, 19-25 / Lc 1, 69-75 / Lc 12, 13-21)

Que importante es reconocer si cuando nos acercamos al Señor sabemos bien cuál es nuestra mayor necesidad, porque si sólo se pide por pedir se corre el riesgo de no saber ni lo que se necesita… ¿sabes cuáles son tus verdaderas necesidades?

El Señor nos alerta en el Evangelio, “eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”; lo realmente importante es disfrutar la vida no aspirar a tener para poderla disfrutar. Lo más valioso que tenemos es nuestra fe.

Abraham es uno de nuestros mayores ejemplos de fe, él “ante la firme promesa de Dios no dudó ni tuvo desconfianza, antes bien su fe se fortaleció y dio con ello gloria a Dios, convencido de que él es poderoso para cumplir lo que promete.” Aún cuando todo pareciese el imposible.

¿A qué le das más valor, a Dios o a los bienes materiales? ¿Que te da más inseguridad, perder la gracia o que te falte dinero? Pidámosle a Dios que acreciente nuestra fe para no dejar que nada nos atemorice, que seamos conscientes de que Dios nos responderá en el momento oportuno.

(P. JLSS)

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

 

(Ex 17, 8-13 / Sal 120 / 2Tim 3, 14-4, 2 / Lc 18, 1-8)

#HomiliaDominical

La semana pasada meditamos acerca de lo necesario que es ser agradecido, por todo lo que se recibe, quien no sabe agradecer es porque no valora nada o se cree merecedor de todo… quien no reconoce lo que se le ha dado gratuitamente, difícilmente esperará pacientemente la ayuda, de desesperará muy rápido.

Con Dios nos puede pasar igual, quien no agradece lo que él ya le ha dado, puede caer en una impaciencia desesperanzada, eso no le puede pasar a nadie que tenga fe en Jesucristo, porque en él ha quedado patente el inmenso amor y lo valiosos que somos para Dios. Ya lo decía Plutarco: la paciencia tiene más poder que la fuerza.

Y tu ¿Esperas o desesperas? Recuerda las palabras de San Pablo, “Ninguno que crea en él quedará defraudado, porque no existe diferencia entre judío y no judío, ya que uno mismo es el Señor de todos, espléndido con todos los que lo invocan, pues todo el que invoque al Señor como a su Dios, será salvado por él”. Si el juez injusto hizo justicia a la mujer ¡cuánto más nuestro Padre nos hará justicia en el momento preciso!

Hoy, somos llamados a pedir a Dios que nos dé el don de la paciencia, para que nada nos haga acelerarnos y que podamos aguardar la respuesta de Dios, si sentimos que nuestros brazos, mente y corazón, ya no se dirigen a Dios permitamos a quienes nos rodean que nos ayuden (cómo hizo Moisés). Cuando bajamos la guardia, cualquier cosa nos puede vencer, Dios nos hará justicia, no lo dudemos…

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

(Rom 4, 13. 16-18 / Sal 104 / Lc 12, 8-12)

#HomiliaDiaria

No debemos permitir que nada ni nadie nos haga que olvidar las palabras del salmo: “ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abraham, del juramento a Isaac, que un día le hiciera.” Él estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Cuando se avecinan problemas, angustias o sufrimientos ¿Cómo lo afrontas? ¿recurres a Dios inmediatamente o es lo último que haces? Jesus nos pide confiar en él, en su protección, en el auxilio del Espíritu Santo que nos enseñará a dar testimonio.

Nuestra confianza debe ser tal, que no debemos preocuparnos por nada ni por nuestra defensa, a tener confianza en la providencia. “Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir.”

El pecado contra el Espíritu Santo implica la negación de su acción poderosa en el pasado, desde la creación, la revelación, la encarnación, etc…; en el presente, si negamos que él nos alienta y auxilia para no flaquear; y en el futuro,  si nos cerramos a la providencia. Pidámosle a Dios que nos invada completamente y que siempre sea él, el primer lugar al que acudamos por refugio y consuelo.

(P. JLSS)

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