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III DOMINGO DE ADVIENTO


(Is 35, 1-6. 10 / Sal 145 / St 5, 7-10 / Mt 11, 2-11)

Los domingos pasados se nos ha invitado a la vigilancia en la espera del Señor, después se nos hizo un llamado a la conversión y hoy se nos pide concretamente el testimonio de que esperamos al Señor ¿Se te nota de alguna manera que esperas la llegada de tu Señor o vives como si estuvieras abandonado?

Una de las características propias del sufrimiento y la desdicha es hacer que nos sintamos cansados, solos, como deshabitados; es en esos momentos en los que debemos acudir sin pensar a Dios, a pedirle respuestas a Él, no tomar decisiones arrebatadas.

Juan el bautista, desde la cárcel manda preguntar a Jesús si era el que había de venir o deberían esperar a otro, se cuestionaba quizá si había realizado completa su misión, como mucho de nosotros al ver hacia atrás… “Digan a los de corazón apocado: ¡Animo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos’.”

Pidámosle a nuestro Padre que acreciente nuestra esperanza para mantenernos firmes a la espera de nuestro Señor: “Vean cómo el labrador, con la esperanza de los frutos preciosos de la tierra, aguarda pacientemente las lluvias tempraneras y las tardías. Aguarden también ustedes con paciencia y mantengan firme el ánimo, porque la venida del Señor está cerca.” ¿Algo tiene apocado tu corazón? ¡Deja que el Señor te fortalezca! que la memoria de sus obras te sostenga.

(P. JLSS)

SÁBADO – II SEMANA DE ADVIENTO


(Sir 48, 1-4. 9-11 / Sal 79 / Mt 17, 10-13)

Los escribas basándose en las palabras del profeta de Malaquías: «He aquí que yo os envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible» (Cf. Ml 3, 23 ss.), afirmaban que Juan el bautista debía venir antes de que el mesías. Su falta de apertura a la voluntad de Dios se basaba en la escritura…

Ayer compartíamos que cuando alguien no está dispuesto a cambiar, a convertir su manera de pensar, de actuar, de ser, ni aunque se le presente alguien importantísimo será capaz de hacerlo. ¿Qué tan dispuesto estás en este adviento para cambiar y permitir que el amor de Dios transforme toda tu persona?

La primera lectura también cita al profeta Malaquías cuando dice “Escrito está de ti que volverás, cargado de amenazas, en el tiempo señalado, para aplacar la cólera antes de que estalle, para hacer que el corazón de los padres se vuelva hacia los hijos y congregar a las tribus de Israel.” Jesús sabiendo la cerrazón de los escribas, les habla de Juan el Bautista, cuya fuerza y poder era el de Elías, “un profeta de fuego”.

Volvamos a preguntarnos qué tanto confiamos en Dios, en sus promesas, qué tan dispuestos estamos a dejarnos transformar por él, también preguntémonos si no estamos siendo como aquellos que por falta de ganas de convertirnos, son capaces hasta de buscar en la escritura, o en otros lados, pretextos para no cambiar. Atrevámonos a ser libres en el Señor, dejemos de buscar pretextos.

(P. JLSS)

VIERNES – II SEMANA DE ADVIENTO


(Is 48, 17-19 / Sal 1 / Mt 11, 16-19)

La palabra de este día nos invita a confiar en Dios, quien confía en Dios “Es como un árbol plantado junto al río, queda fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito.” ¿Te desesperas fácilmente o recurres a Dios para no rendirte fácilmente?

La profecía de Isaías nos presentaba: “Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye en lo que es provechoso, el que te guía por el camino que debes seguir.” Y en Cristo hemos contemplado el cumplimiento de estas palabras. Dios se ha mostrado infinitamente bueno con nosotros y nos ha dado ejemplo de aceptación en su voluntad.

Para quien no está dispuesto a convertirse a Dios sobraran los pretextos para no hacerlo, a los de su tiempo Jesús les dice “¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: ‘Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado.” ¿Qué pretextos ponemos para no convertirnos a Dios.

Pidámosle a Dios nuestro Padre, que envíe su Espíritu Santo a cada uno de nosotros para convencernos de que él es lo mejor que nos ha pasado, ser capaces de dejar todo pretexto de lado y valorar más lo que Dios ha obrado en cada uno de nosotros por medio de Jesucristo nuestro Señor.

(P. JLSS)

JUEVES – II SEMANA DE ADVIENTO


Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe
(Is 7, 10-14 / Sal 66 / Gal 4, 4-7 / Lc 1, 39-58)

Hoy celebramos a la virgen María, en su advocación de Guadalupe, imagen familiar para todos los latinoamericanos por ser nuestra patrona (protectora), pero de una importancia mayor para nosotros los mexicanos, por ser nuestro país al que ella visitó. Ella es la más grande evangelizadora, su aparición acabó con casi toda la resistencia a la Evangelización.

En el Evangelio escuchamos el pasaje de la Visitación de María a su prima santa Isabel, nos dice que “en cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” La visita de María algún lugar siempre traerá paz, respuestas y conducirá a Jesús.

Para la mayoría de los pueblos nativos de Latinoamérica, fue la virgen de Guadalupe quien los condujo al Señor, quien les dio respuestas, se les presentó como la madre del verdadero Dios por quien se vive, les invitó a no temer y a reconocer que son cuidados por ella. «No se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?»

Volteemos a ver a nuestra Madre, dejemos que nos visite, ella es la mujer por medio de la cual Dios envía a su Hijo, la virgen que concibió al Emmanuel (Dios-con-nosotros), no temamos acudir a ella y descansar en su regazo. ¿Tienes dudas? ¿sufres por algo? ¿algo te roba la paz? Permite que María te visite, ningún temor es mayor que protección que uno vive en el regazo de su madre. Santa María de Guadalupe, Reina de México. Salva nuestra Patria y conserva nuestra fe.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – II SEMANA DE ADVIENTO


(Is 40, 25-31 / Sal 102 / Mt 11, 28-30)

“Ya viene el Señor para salvar a su pueblo. Dichosos los que estén preparados para salir a su encuentro.” ¿Qué tan preparado te sientes para ese momento? ¿Si se Dios te mandara salir a su encuentro hoy cómo irías? ¿qué debo dejar para vivir más tranquilo? El llamado a la conversión se hace más sencillo con este tipo de preguntas.

Cada uno de nosotros tiene algo en particular que es con lo que más lucha en su camino al lado de Jesús, algo que le cuesta más trabajo. Son aquellas pecados que pueden llegar a generar más culpa en nosotros, está en nuestras manos como los asumimos: si le creemos al pecado, nos sentiremos vencidos rápidamente; si tenemos nuestra mirada puesta en el Señor, recordaremos que nos basta su gracia (cf. 2Cor 12, 9) y llevamos ese tesoro en vasijas de barro (cf. 2Cor 4, 7).

No podemos olvidar que en el Señor esta nuestro mayor impulso y fuente de energía. “Él da vigor al fatigado y al que no tiene fuerzas, energía. Hasta los jóvenes se cansan y se rinden, los más valientes tropiezan y caen; pero aquellos que ponen su esperanza en el Señor, renuevan sus fuerzas: les nacen alas como de águila, corren y no se cansan, caminan y no se fatigan.”

Si pensar en Dios como fuente de energía te cuesta trabajo en estos momentos, pídele a Jesús que te acompañe en tu carga, acércate a Él reconociendo todos tus sentimientos, déjale cargar contigo, busca en él tu ayuda. Él nos dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio”. Hagámosle caso.

(P. JLSS)

MARTES – II SEMANA DE ADVIENTO


(Is 40, 1-11 / Sal 95 / Mt 18, 12-14)

En Juan el Bautista, precursor de nuestro Señor, se nos dijo el domingo en el Evangelio que se cumplía la profecía que hoy escuchamos: “Una voz clama: Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios…” con estas palabras se nos invita nuevamente a cuestionarnos qué estamos haciendo para que la llegada del Señor nos encuentre preparados.

Por nuestra fe sabemos que el Señor Jesús, al volver, dará a cada uno lo que le corresponda según sus actos; con sus ovejas, “Como pastor apacentará a su rebaño; llevará en sus brazos a los corderitos recién nacidos y atenderá solícito a sus madres.” No así con los cabritos (cf. Mt 25, 31-46).

Sería bueno que hoy, recordando que estamos en la segunda semana de adviento en la que se nos invita a la conversión (a cambiar) reconozcamos que quizás nuestra mayor necesidad sea la de sentirnos ovejas del Señor, es decir, que fue por nosotros, por nuestra causa y salvación que Dios envió a la Vida, a Jesús, que él nos cuida, nos protege.

Él no quiere que nadie se pierda… el ejemplo que da en el Evangelio nos servirá para analizar nuestra actitud frente a Dios ¿cuando pecas intentas esconderte o sientes pena y acudes pronto en busca de la gracia? “Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió?” así actúa Dios con nosotros ¿dejas que te encuentre o te le escondes?

(P. JLSS)

LUNES – II SEMANA DE ADVIENTO


Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María
(Gn 3, 9-15 20 / Sal 97 / Ef 1, 3-6. 11-12 / Lc 1, 26-38)

La solemnidad de la Inmaculada Concepción de María se celebra litúrgicamente el día ocho de diciembre, este año la celebraremos el día nueve por haber coincidido con el segundo domingo del tiempo de Adviento, por lo cual, la solemnidad se recorre al día siguiente.

Como Iglesia este día celebramos solemnemente el misterio de la inmaculada concepción de María, ella «…fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano…»; concretamente, lo que creemos es: que era necesario que María naciera sin pecado original porque daría a luz a nuestro salvador.

María, es la medio por el que se dio la Encarnación, por el que nos viene la salvación, es la esclava del Señor, es quien se deja sorprender por Dios: ante el saludo del ángel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”, dice el Evangelio, que se preocupó mucho y se preguntaba qué quería decir semejante saludo. En ella se podemos reconocer siempre que cada es imposible para Dios.

Hagamos nuestras las palabras de San Pablo a los efesios y alabemos junto a el a Dios: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales.” Hoy que celebramos este dogma, pidámosle que nos haga capaces de aceptar y comprender que en Jesucristo encontraremos todo lo que necesitamos, en él encontraremos toda clase de bienes ¿Por qué andar buscando en otro lado? Centremos nuestra atención sólo en él.

(P. JLSS)

II DOMINGO DE ADVIENTO


(Is 11, 1-10 / Sal 71 / Rm 15, 4-9 / Mt 3, 1-12)

El domingo pasado compartíamos la necesidad existente de no perder de vista cuál es nuestra esperanza, Aquel que cumplió la promesa de salvarnos lo hizo, él tambien prometió que volvería lleno de gloria y lo va a hacer, por lo tanto debemos de hacer una balanza y cuestionarnos si Jesús viniera hoy ¿cómo nos iría?

Esta segunda semana se nos exhorta a la conversión, porque ya esta cerca el Reino de los cielos. A vivir como personas que tienen presente que el Señor volverá y pagará a cada uno según sus obras, “no juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado y con equidad dará sentencia al pobre.”

Hoy en el Evangelio, se nos presenta la figura Juan el Bautista, el precursor del Señor, él tenía claro cuál era su papel y no andaba buscando hacer lo de los demás. Juan tenía claro que para poder recibir al Señor, primer se debían soltar todas aquellas cosas o circunstancias indignas del Reino.

“Todo lo que en el pasado ha sido escrito en los libros santos, se escribió para instrucción nuestra, a fin de que, por la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza.” Pidámosle a nuestro Padre Celestial prepararnos sinceramente para recibirle en nuestro interior y poder demostrar con nuestras obras nuestra conversión.

(P. JLSS)

SÁBADO – I SEMANA DE ADVIENTO


(Is 30, 19-21. 23-26 / Sal 146 / Mt 9, 35 – 10, 1. 6-8)

“El Señor sana los corazones quebrantados y venda las heridas. Tiende su mano a los humildes y humilla hasta el polvo a los malvados.” Él siempre nos hará justicia a su tiempo, contamos con él, no debemos perder tanto tiempo en cuestiones secundarias. ¿a qué le das prioridad en tu vida?

El Señor, como escuchamos en el Evangelio, se compadece de todo aquellos que se encuentran extenuadas y desamparadas como ovejas sin pastor, con el no necesitamos aparentar, acerquémonos y presentémosle nuestras necesidades y él se hará cargo de nosotros y nuestras necesidades. Algunas veces somos nosotros los que no le permitimos acercarse.

La instrucción que da a los discípulos es la de de ir en busca de las ovejas perdidas, lo dijo reiteradas ocasiones que no son los sanos los que necesitan al medico, sino los enfermos ¿Reconoces tu necesidades frente a él? ¿procuras conservarte como una ovja digna¿

Pidamos a nuestro Señor que no se nos olvide jamas que contamos con él, aguardémosles pacientemente, recordemos que “la cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos.” Confiemos, él nunca nos dejará desamparados.

(P. JLSS)

VIERNES – I SEMANA DE ADVIENTO


(Is 29, 17-24 / Sal 26 / Mt 9, 27-31)
#HomiliaDiaria
Cuando uno ha estado todo el día en el sol y de pronto entra a una habitación oscura, se encandila ¿no es cierto? Y poco a poco comienza a mirar, esto no sucede porque de pronto haya luz, sino porque uno se ha acostumbrado a la oscuridad… Debemos tener cuidado de que no nos pase eso con Dios.

Imaginemos que nosotros somos los ciegos de los que habla el Evangelio de este día, ellos al igual que nosotros le piden a Jesús que les quite la ceguera a lo que el Señor responde: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Ellos se curaron ante estas palabras, sería bueno que nos preguntáramos qué pasaría en nosotros.

En Jesucristo se han cumplido todas las profecías, este tiempo de adviento debe ser para nosotros un periodo emocionante al reconocer “que ya viene el Señor, nuestro Dios, con todo su poder a iluminar los ojos de sus hijos”, ¿Quieres ser iluminado por Él?

Pidámosle a Dios, ser capaces de reconocer que él es la luz que necesitamos, que él es lo único que debemos dejar que nos “encandile”, nunca acostumbrarnos a la oscuridad. “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?”

(P. JLSS)

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