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VIERNES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

Fiesta de la Cátedra de san Pedro, Apóstol
(1Pe 5, 1-4 / Sal 22 / Mt 16, 13-19)

Una cátedra es una silla elevada desde donde el maestro explica la ciencia a sus discípulos, desde donde el obispo preside en su catedral. Hablar de la cátedra de san Pedro es reconocer la autoridad que Cristo le confirió de confirmar a los hermanos, de apacentar a las ovejas, a él y sus sucesores.

Cuando leemos el Evangelio descubrimos que, si bien es cierto, Pedro era impulsivo y llegó a negar al Señor, también es cierto que era quien más se dejaba mover dócilmente por el Espíritu Santo y sus mociones; y una vez que el Señor hubo resucitado experimentó la misericordia y el perdón cuando se le preguntó tres veces ¿me amas?.

Pedro no echó en saco roto la misericordia de Dios, supo reconocer que aun cuando sus limitaciones fueran muchas, el poder de la gracia es más grande que cualquier limitación, y la confianza que Cristo le daba le hacía reconocerse capaz de lograr cualquier misión que él le diera.

Por ello, al celebrar la Cátedra de san Pedro, debemos pedir por su sucesor el Papa Francisco! que nos hace saber que tenemos un pastor que tiene la misión de velar por nuestra fe; y del ejemplo de Pedro, aprendemos que nuestra serenidad depende más de nuestra docilidad a la acción de Dios y no tanto de nuestras acciones o actividades. Dejémonos conducir…

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 9, 1-13 / Sal 101 / Mc 8, 27-33)

Las palabras que el autor sagrado pone en boca de Dios en la bendición que hace a Noé: “Crezcan y multiplíquense y llenen la tierra. Todos los animales los temerán y los respetarán a ustedes; las aves del cielo, los reptiles de la tierra, los peces del mar están sujetos a ustedes”, nos remonta al capítulo 1 (vv. 28-30), manifestándonos que considera este castigo como un nuevo inicio para la humanidad.

Dios manifiesta su alianza con los hombres y como en toda alianza se da un signo que aquí va a ser el arcoíris; En Cristo, se ha realizado una alianza nueva y eterna con todos nosotros, y en nuestro Señor crucificado podemos reconocer el signo indeleble de la misma, y su inmenso amor.

Ante el sacrificio redentor de Jesús y su entrega por cada uno de nosotros sería adecuado que respondiéramos a su preguntas: ¿Quién dice la gente que soy yo?… y ustedes ¿quién dicen que soy yo?… se trata de responder qué significa en nuestra vida que el Señor sea tan grandioso con nosotros.

La misericordia de Dios se debe aceptar para alcanzar el perdón que ella da, debemos acercarnos al crucificado y reconocer que la salvación de cada uno de nosotros fue la causa de su entrega y así, cada que caigamos en algún pecado, imaginar que nos dice: ¡Ya pagué eso…párate inmediatamente! Y buscar su gracia.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 8, 6-13. 20-22 / Sal 115 / Mc 8, 22-26)

¿Qué tanto permitimos que el amor y la gracia de Dios actúen en nosotros y en nuestro interior? Ayer escuchábamos que San Marcos nos cuenta como Jesús reprende a los apóstoles por tener la mente embotada y dejar que el miedo y la preocupación les hiciera olvidarse de la multiplicación de los panes.

Ahora, en este fragmento del Evangelio que acabamos de escuchar, se nos narra una curación que se da de manera gradual a un ciego. Los apóstoles, como muchos de nosotros quizá, convivían con Jesús y eran testigos de su poder, de su obras y acciones pero no dejaban que esa “luz” les iluminara su interior totalmente.

A los apóstoles, una vez que Jesús resucitó y se les envió al Espíritu Santo, se les quitó todo embotamiento y miedo ¿permitimos que el Espíritu Santo actúe con libertad en nosotros y nos ilumine, o nos conformamos con seguir viendo borroso? Contamos con la libertad que nos ha dado Cristo, no vivamos como esclavos.

Seamos como Noé, en cuanto el diluvio pasó, le agradeció a Dios. Ya no había tormenta y él estaba vivo, sólo le restaba agradecer. Preguntémonos como en el Salmo ¿cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Y gocemos la libertad y la paz de saber que unidos a Jesucristo no existe NADA, ninguna tormenta, que nos pueda hundir.

(P. JLSS)

MARTES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 6, 5-8; 7, 1-5. 10 / Sal 28 / Mc 8, 14-21)

¿Qué tan buena memoria tenemos para recordar todo lo que Dios hace por nosotros? Es importante tener presente siempre más maravillas que ha obrado Dios entre nosotros, más cuando se vengan sobre nosotros cosas negativas que nos pudieran preocupar.

No podemos permitir que el miedo impida que reconozcamos todo las bendiciones que hemos recibido de parte de Dios, debemos dejar que esto nos aliente. En los momentos difíciles eres capaz de invocar primero a Dios que a tus capacidades humanas.

Mientras que Jesús se quería comunicar con sus discípulos, ellos estaban entretenidos en el pan, estaban angustiados por no haber llevado “piezas suficientes”, sólo llevaban uno… el miedo y la preocupación les hicieron olvidar la multiplicación de los panes.

Noé, por su parte, confió más en Dios que en su lógica o cualquier otra cosa, hizo lo que el Señor le pedía. Pidámosle a Dios que por acción del Espíritu Santo podamos permanecer siempre atentos a él y a su providencia, no permitamos que nada nos distraiga de Aquel en quien tenemos puesta nuestra confianza.

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 4, 1-5. 25 / Sal 49 / Mc 8, 11–13)

¿Cuál es tu reacción ante la bondad o la felicidad ajena? ¿Qué tanta importancia das al qué dirán? En la narración del libro del génesis se nos narra que al Señor le agrado un sacrificio y otro no ¿por qué razón? Porque uno lo hacía por convicción y el otro por “obligación”, por cumplir nada más.

¿Tú forma de dar culto a Dios nace de tu interior (por el amor recibido) o del exterior (porque mero deber ser)? Que duro sería que Dios nos reprochara las palabras del Salmo: “¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos?…”

Evitemos tener frente a Jesús una actitud farisaica, poniéndole condiciones para creerle, ellos le pedían una “señal del cielo”, muchas veces surgen entre nuestras oraciones frases como “si no me cumples esto… si me permites tal cosa te prometo esto…”, Jesús no es un banquero con el que se pueda negociar, Él lo da todo y pide todo.

¿Qué tanto lo aceptas como el camino, la verdad y la vida? Si queremos llegar al Padre tenemos que hacerlo por medio de Jesús, pidámosle al Espíritu Santo que nos libre de la tentación de creer que sólo por cumplir ciertas conductas llegaremos con él, con él se llega abandonándose a Jesús y amando a los hermanos.

(P. JLSS)

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

(Jer 17, 5-8 / Sal 1 / 1Cor 15, 12. 16-20 / Lc 6, 17. 20-26)

Tener la confianza en Dios nos debe traer paz, si en lugar de esto dentro de nosotros existen más dudas o incertidumbre, hay que volver a cuestionarnos en qué tenemos puesta nuestra confianza. Confiar es tener la esperanza firme en algo o alguien, si nuestra confianza está en Dios debemos mantenernos firmes.

Hoy debemos pedirle Dios que nos invada completamente su amor y gracia, para que ello nos dé la firmeza de sabernos reanimados y fortalecidos por obra de Jesucristo. Por él, sabemos que nada nos puede vencer, ni la muerte, el sufrimiento, la enfermedad. Nada.

Sólo quien ignora el don de Dios que habita en su interior, al Espíritu Santo, puede escandalizarse de las bienaventuranzas, “dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo”. Se trata de darle el poder real a las cosas, de elegir entre lo temporal y lo eterno.

Pidamos a Dios que acreciente nuestra esperanza en él, para experimentar su fortaleza y comprobar que quien confía en él “Será como un árbol plantado junto al agua, que hunde en la corriente sus raíces; cuando llegue el calor, no lo sentirá y sus hojas se conservarán siempre verdes; en año de sequía no se marchitará ni dejará de dar frutos”.

(P. JLSS)

SÁBADO – SEMANA V DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 3, 9-24 / Sal 88 / Mc 8, 1-10)

Hemos venido meditado esta semana el amor que Dios nos ha tenido desde la creación del mundo y cómo nos proporciona todo lo que necesitamos en el momento indicado, qué tanto recibimos eso dependerá de las respuestas que des a la pregunta ¿quién es Dios para mí?.

Algunos equivocadamente tienen en mente a un ser que sólo está al pendiente de nosotros para ver cómo nos equivocamos y castigarnos, como si fuese un observador inmóvil; quienes creemos en Jesucristo hemos reconocido que Dios se involucra totalmente con nosotros no podemos aceptar en nuestra una imagen como la anterior.

Adán y Eva pusieron más atención en la tentación que en Dios, dejaron de pensar en quien los había creado por amor y se fijaron sólo en aquello que se les propuso; después, por vergüenza se le esconden a Dios, dejando a un lado a Dios amoroso poniendo mayormente su atención en el pecado.

Si creemos en Jesucristo, reconocemos por nuestra fe que Dios sobrepasa toda expectativa con su amor y Misericordia, acerquémonos a nuestro Señor con plena confianza, pongamos a su disposición y que sea sólo él quien nos sacie.

(P. JLSS)

VIERNES – SEMANA V DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 3, 1-8 / Sal 31 / Mc 7, 31-37)

En el relato que acabamos de escuchar en el libro del génesis, el autor como teólogo ha querido dar explicación del mal en el mundo y como éste no estaba en los planes de Dios. Valiéndose de la serpiente, nos viene a recordar la existencia del tentador y la tentación, de la libertad y la voluntad.

En la primera carta de San Pedro encontramos una advertencia y una invitación a reconocer también nosotros esto: “sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe” (Cf. 1Pe 5, 8-9).

Cada uno de nosotros frente a cada tentación experimenta en su conciencia preguntas semejantes a la que la serpiente hace a la mujer: “¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?”; también, está en cada uno de nosotros la respuesta que daremos a la misma. “La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, que estaba junto a ella, el cual también comió”.

Nuestro Señor Jesucristo a ti y a mí, nos dice ¡Effetá!, quiere de liberarnos de esa sordera que surge de nuestro egoísmo, no sigamos mudos, digámosle desde el fondo de nuestro corazón: “Abre, Señor, nuestros corazones, para que comprendamos las palabras de tu Hijo”. Pongámonos a su disposición y permitámosle transformar nuestros corazones con su gracia.

(P. JLSS)

JUEVES – SEMANA V DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 2, 18-25 / Sal 127 / Mc 7, 24-30)

Dios siempre busca la manera de hacernos reconocer lo amados que somos por Él, valiéndose de la naturaleza, de nuestra conciencia y hasta de cosas materiales. El relato de la creación de la mujer, nos cuenta cómo Dios le dio un complemento al hombre y éste pudo descubrir a alguien “hueso de sus huesos y carne de su carne”.

Aceptemos dócilmente la palabra de Dios que ha sido sembrada en cada uno de nosotros y es capaz de salvarnos; Dios nuestro Padre ha querido salvarnos porque nos ama, debemos atrevernos a reconocer este don de su liberalidad y acercarnos humildemente aceptando este misterio.

En el relato del libro del génesis se nos muestra cómo Dios está al pendiente y soluciona todo lo qué no es bueno para nosotros, y nos da una solución para ello, va a depender de nosotros que tanto nos mantenemos cerca o lejos de lo que Dios nos ofrece para auxiliarnos.

Acerquémonos a Dios confiando en su providencia amorosa, no dejemos que nada haga que nos sintamos incapaces de recurrir a él, él es quien nos ha hecho dignos de serviré en su presencia… quizás puedas sentir muchas tristezas o indignidades, aún en medio de ellas acércate a Jesús, recordando que “también los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”, no temamos ser amados.

(P. JLSS)

MIÉRCOLES – SEMANA V DEL TIEMPO ORDINARIO

(Gn 2, 4-9. 15-17 / Sal 103 / Mc 7, 14-23)

¿Qué tanto te dejas interpelar por la palabra del Señor? Le hemos pedido al Señor, en la aclamación anterior al Evangelio, que nos santifique con su palabra que es la verdad, de allí lo importante de cuestionarnos esto. Quien se cierra a la Palabra de Dios ha comenzado un camino peligroso hacia la corrupción (en términos del Papa Francisco).

Quien se ha dejado corromper por el pecado comienza a manifestar ciertas características: se cree autosuficiente y no permite ningún cuestionamiento; cuando la situación se le pone difícil sabe escabullirse y construye una autoestima basada en este tipo de actitudes tramposas; camina por la vida por los atajos del ventajismo a precio de su propia dignidad y la de los demás; y lo más triste, el corrupto suele perseguirse de manera inconsciente, y es tal la irritación que le produce esta autopersecución que la proyecta hacia los demás y, de autoperseguido, se transforma en perseguidor, contra todos aquellos que los contradicen. (Jorge Bergoglio, Corrupción y pecado…)

Es más fácil echarle la culpa a cosas exteriores o ajenas que aceptar nuestras responsabilidades frente a algunas situaciones, por ello Jesús aclara: “escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”. Y es que donde está el tesoro está el corazón, muchas personas se cierran en su egoísmo convirtiéndose a sí mismos en su tesoro.

Todos sabemos cuáles son aquellos arboles de los que no nos está permitido comer, Dios nos ha creado libres, y sabemos que todo nos es permitido mas no todo nos conviene, dejemos que Dios sople en nosotros con su Espíritu y que nos renueve, para ser responsables y aceptar que lo que sí nos mancha es lo que sale de nuestro interior.

(P. JLSS)

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