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MARTES – XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Cor 12, 12-14, 27-31 / Sal 99 / Lc 2, 33-35)

“Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.” Dejemos que estas palabras del salmo invadan nuestra mente y corazón, no debemos permitir que nadie ni nada nos haga dudar de esas palabras. Somos de Dios, Él cuida de nosotros.

En la primera lectura, san Pablo, recuerda a la comunidad de Corinto que en este mundo cada uno tiene su lugar y su función, debemos reconocerla para aceptar lo que nos toca y lo que no, así no caer en desesperación. “Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo… El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos.”

Debemos pedirle al Señor que nos dé la capacidad de aceptar nuestra realidad convencidos de que todo lo que nos presenta Dios lo permite para que seamos mejores personas, ese es nuestro camino de santidad ¿reconoces que el amor de Dios rebasa nuestras limitaciones y problemas?

Pero es válido que en medio de la enfermedad, la tristeza, el dolor, nos cuestionemos y nos cueste reconocer la voluntad divina, por ello, hoy que conmemoramos a Nuestra Señora de los Dolores, pidámosle a Dios Padre que nos de la paciencia y la capacidad para afrontar los momentos difíciles confiando en Él y su amor reconociendo su presencia y cuidado constante.

(P. JLSS)

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