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LUNES – XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Cor 11, 17-26 / Sal 39 / Lc 7, 1-10)

Hemos escuchado cómo la comunidad de Corinto, por dejarse distraer por los partidos (Pedro, Pablo, Apolo, Cristo…) comenzó a descuidar su manera de vivir la fe (el incestuoso, los idolotitos, la jactancia, etc.), hoy San Pablo, les reclama su falsa caridad para el Ágape.

Eran cenas que se llevaban acabo entre la comunidad cristiana, en la cual todos llevaban algo y lo compartían, así todos tenían para comer bien. Sólo que hubo quienes se interesaban por cenar bien sólo ellos, llevaban cosas pero no para compartir, al parecer solamente para presumir, haciendo sentir mal al otro. La caridad debe brotar siempre del amor de Dios y no de cuestiones meramente racionales o ideológicas.

¿Te interesa el bien común o te interesa más que te consideren a ti como el bueno(a)? El oficial romano del que se habla en el Evangelio, cuando sabe que Jesús está cerca manda pedirle un favor, no se acerca al Señor por considerarse indigno, lo descubrimos cuando le dice al Señor: “Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano.“

Pidamos al Señor que la fuerza de su amor, cree en nosotros una actitud como la del soldado, que seamos capaces de acercarnos a Él aún sintiéndonos indignos, que confiemos más en la grandeza de su misericordia y no nos distraigamos tanto con nuestra pequeñez.

(P. JLSS)

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