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DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO


(Sir 27, 33-28, 9 / Sal 102 / Rm 14, 7-9 / Mt 18, 21-35)

¿Quién es para ti Jesús? ¿Aceptas la voluntad de Dios o te guías por criterios mundanos? ¿Permitimos que el amor nos invada completamente? ¿Qué tanto realizamos la corrección fraterna? Son las interrogantes que nos han planteado los domingos anteriores, este domingo la palabra nos quiere interpelar acerca del amor al prójimo y el perdón.

Si decimos amar a Dios y sabernos amados por Él aún en medio de nuestras limitaciones, debemos reconocer que el otro también en medio de sus limitaciones es completamente amado por Dios. Lo que nos debe importan en relación con el prójimo es que “ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos.” Todos le pertenecemos al Señor ¿cómo dañar algo que le pertenece a quien me ama tanto?

“Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará del vengativo y llevará rigurosa cuenta de sus pecados.” ¿A qué le prestas mayor atención? ¿Al amor? ¿Al rencor? ¿Guardas resentimientos? Acércate a Jesús, con la confianza de Pedro, y cuestiónale cuántas veces tienes que perdonar a “x” persona… la respuesta será la misma, siempre.

El mandamiento del amor, dice que amemos al otro como el Señor nos ha amado, de donde se pudiera entender que de acuerdo al valor que le demos a la misericordia que Dios ha tenido con nosotros, será la facilidad y/o dificultad para lograr perdonar al otro. “El que no tiene compasión de un semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados?” El perdón es una decisión que se toma para dejar de vivir esclavo de los resentimientos, que el Señor rompa cualquier resentimiento que tengamos para que podamos vivir en libertad y no esclavos de la memoria.

(P. JLSS)

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