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MARTES – SEMANA XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO


Fiesta de la Natividad de la Virgen María
(Rm 8, 28-30 / Sal 12 / Mt 1, 18-23)

Hoy celebramos el nacimiento de la Virgen María, celebramos el nacimiento de la Madre de nuestro Señor. «El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la Encarnación para que, así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida» (LG 56; cf. 61).

María, como tú y como yo, tenía una misión determinada y la cumplió a la perfección ¿tienes idea de cuál es tu misión en la vida? Pablo nos ayuda diciendo que: “Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él según su designio salvador. En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo”.

Para reconoces con claridad qué nos pide Dios, debemos estar conscientes de que Él desea que «todo contribuye para el bien de quienes le aman» y que desea «reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de su Hijo», en otras palabras, que nos sepamos bajo su cuidado siempre y le seamos fieles en lo que hagamos. Pregúntate qué tanta plenitud experimentas con lo que vas viviendo día con día.

Los misterios obrados en María sobrepasan nuestra razón, incluso a San José se le tuvo que ayudar a comprender un poco “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo…” el hecho de que algo nos sobrepase no significa que no sea real, pidámosle a nuestra madre que interceda por todos nosotros ante su hijo, para que nos conceda la fuerza para no cansarnos jamás en buscar y luchar por alcanzar nuestra verdadera felicidad.

(P. JLSS)

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