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DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Is 55, 1-3 / Sal 144 / Rm 8, 35. 37-39 / Mt 14, 13-21)

Hemos escuchado uno de los textos del Nuevo Testamento que más me gustan, donde san Pablo nos dice: “¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo?… Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado.” ¿Qué tan presente tienes el amor que Dios te tiene?

Lo único que puede limitar el amor de Dios en nuestra vida es nuestra apertura a él, qué tanto le debemos involucrarse en nuestra vida. ¿Qué cosa o situación está apartándote de su amor? ¿A qué situación le permites que te aleje? Quizás lo que te haga falta sea hacer conciencia del inmenso amor que gravita sobre ti.

Permítele a Dios entrar en tu vida, aún hoy Jesús nos mira y se compadece de nosotros, y quiere alimentarnos para que no andemos agobiados, dejémosle a su disposición aquellos pocos “panes y pescados” que tengamos y dejémosle que sea Él quien los multiplique y distribuya, estoy seguro que alcanzarán y hasta sobrará. “El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas.”

Hoy el Señor quiere renovarte, hoy quiere cumplir en ti las palabras del profeta “Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar.” Reconozcamos cuáles son nuestras necesidades, qué cosas de nuestra vida nos estorban para dejarnos amar libremente. Que esta Eucaristía nos dé el consuelo y la serenidad que necesitemos para vivir en paz. Déjate amar.

(P. JLSS)

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