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VIERNES – SEMANA XVII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Jer 26, 1-9 / Sal 68 / Mt 13, 54-58)

“Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos…” así termino a este pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar, mismo que nos debería llevar a cuestionarnos sinceramente qué tan madura es nuestra fe, si ésta rige nuestra vida y nuestro modo de pensar y actuar.

Por un lado tenemos a Jeremías, quien es perseguido y apresado por los sacerdotes y profetas, sólo por la cerrazón de estos últimos que no aceptaron lo que Dios les pedía; por otro lado en el Evangelio están quienes al ser confrontados por el anuncio de Jesús, por creer conocerle rechazan su mensaje. En ambos ejemplos hay cerrazón al mensaje del Señor, sólo con reacciones y pretextos diferentes.

“Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa…” cuando escucho estas palabras de Jesús y pongo atención en el contexto que las dice, me dejo interpelar si en los momentos tristes y/o difíciles de comprender no actúo como los personajes del Evangelio que por creer que «conocen» a Jesús, se cierran a la novedad.

Padre bueno, estamos conscientes de que tu palabra permanece para siempre, por ello «a ti, elevamos nuestras plegarias, te pedimos que vengas en nuestra ayuda pronto; que nos escuches conforme a tu clemencia, tu que eres fiel en socorrernos». Danos fortaleza para permanecer firmes en la fe, que nada nos haga dudar que tú estás con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

(P. JLSS)

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