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JUEVES – SEMANA XVII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Jer 18, 1-6 / Sal 145 / Mt 13, 47-53)

En la hermosa petición que le hemos hecho a Dios en la aclamación antes del Evangelio, le hemos pedido que «abra, nuestros corazones, para que aceptemos las palabras de su Hijo», creo que en estos momentos es una de nuestras mayores necesidades que tenemos.

Podemos notar que en estos tiempos de confinamiento, se han vivido varias etapas: miedo, desánimo, ansiedad y se puede notar últimamente, cierta desesperación. Por ello es necesario que nuestra petición sea aceptar las palabras de su Hijo, en el Evangelio nos hablaba de la red de los pescadores que: “Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos.” Todo a su tiempo…

Para ayudarnos en la recuperación de nuestra paz, nos sirve mucho la imagen que nos dio la primera lectura, en la que se nos presenta la imagen de un alfarero trabajando en su torno, “Cuando se le estropeaba la vasija que estaba modelando, volvía a hacer otra con el mismo barro, como mejor le parecía.” y después, por medio del profeta Dios nos decía: “como está el barro en las manos del alfarero, así ustedes, casa de Israel, están en mis manos.”

Estamos en manos de Dios, no estamos desamparados. Hagámosle caso al Salmo: “No pongas tu confianza en los que mandan ni en el mortal, que no puede salvarte; pues cuando mueren, se convierten en polvo y ese mismo día se acaban sus proyectos.” No permitamos que el miedo nos haga correr hacia antiguos ídolos, le pertenecemos a Dios y él nos protegerá. Espíritu Santo renueva nuestros corazones y reaviva nuestra esperanza.

(P. JLSS)

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