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MIÉRCOLES – SEMANA XVII DEL TIEMPO ORDINARIO


(Jer 15, 10. 16-21 / Sal 58 / Lc 10, 38-42)

¿Cuáles son aquellas cosas a las que les has permitido robarte la paz en estos momentos? ¿A qué cosas le has permitido que te distraigan y roben tu atención? Todos deberíamos comprometernos con las palabras del salmo: “En ti, Señor, tendré fijos los ojos, porque tú eres mi fuerza y mi refugio. El Dios de mi amor vendrá en mi ayuda y me hará ver la derrota de mis enemigos.”

Debemos mantener la mirada fija en Dios para no dejar que nada nos arrebate la esperanza, cuando uno le pierde de vista comenzará a dejar que cualquier cosa le deslumbre, incluso aquello en lo que se tiene certeza de no ser positivo para uno, llegando a preferir lo «viejo, por conocido».

Hemos visto en la liturgia de la palabra dos claros ejemplos de cómo puede darse esta distracción: Jeremías, cansado de las dificultades y situaciones negativas que le ocurrían llega a decirle a Dios “¿Acaso te has convertido para mí, Señor, en espejismo de aguas que no existen?”; por otro lado, Marta, a quien recordamos hoy, estaba tan afanada en diversos quehaceres que no disfrutaba a Jesús, al cual tenía de visita en su casa. ¿A qué personaje te pareces más en estos momentos?

“Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.” Dejémonos encandilar por el amor y la gracia de Dios, tranquilicemos nuestras mentes, detengámonos a disfrutar por un momento de la quietud y el silencio, pidámosle al Espíritu Santo que nos ilumine y tranquilice, Él habita en nosotros. Y así con su consuelo, podamos escuchar la voz de Jesús que nos dice: “Marta, Marta, (aquí repite tu nombre) muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria.” Una sola es necesaria y ya está a nuestro alcance.

(P. JLSS)

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