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LUNES – SEMANA XVI DEL TIEMPO ORDINARIO


(Jer 13, 1-11 / Dt 32 / Mt 13, 31-35)

Ayer, nos comprometíamos a meditar con mayor intensidad lo que significa ser hijos de Dios, contar con su amor y con su gracia. Hacer un mayor esfuerzo por valorar la obra de Dios y dejar que vaya creciendo en nosotros cada vez más y más. ¿Existe algo que te cueste demasiado trabajo dejar?

Quizá lo que te haga falta es dejar de luchar contra ello, dejar de estar tan entretenido con ello y poner toda tu atención Dios y en lo que puede hacer su gracia en tu interior si se lo permites… “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar.” La clave está en tener claridad sobre qué es aquello a lo que le permitimos “fermentarnos”.

A veces por miedo, por incertidumbre o por comodidad no soltamos muchas cosas, como si nos aferráramos a ellas. Sería un poco como la imagen del cinturón de la que nos hablaba Jeremías, estando nuevo lo puso bajo una piedra y cuando volvió por el cinturón lo encontró podrido, porque duró mucho tiempo escondido en el río Éufrates, bajo una piedra. No estaba en un lugar idóneo, ni en condiciones idóneas.

Padre bueno concédenos la claridad para poder pensar y discernir de acuerdo con tu voluntad, siempre de una manera correcta, desde la seguridad de saber que somos tus hijos y nos amas. Espíritu Santo, fuente de toda luz ¡ilumínanos! Para no dejar que nada más nos fermente.

(P. JLSS)

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