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SÁBADO – SEMANA XVI DEL TIEMPO ORDINARIO


Fiesta de Santiago, Apóstol
(2Cor 4, 7-15 / Sal 125 / Mt 20, 20-28)

Cada que celebramos a algún apóstol, la liturgia de la palabra nos recuerda estas palabras del Señor: “Yo los he elegido del mundo, para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.” (Jn 15, 16) Porque no sólo a ellos, sino a ti y a mí, el Señor nos a elegido para dar fruto, para que su amor fructifique en nuestro interior colmándonos de armonía, serenidad y paz interior.

San Pablo, como fiel discípulo, estaba aferrado al amor de Jesús y a su gracia, por ello es capaz de decir: “Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros mismos. Por eso sufrimos toda clase de pruebas, pero no nos angustiamos. Nos abruman las preocupaciones, pero no nos desesperamos. Nos vemos perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no vencidos…” porque era consciente de que nada es mayor que el amor de Cristo, nada nos lo puede arrebatar.

¿Por qué sigues a Jesús? ¿Qué es lo que te motiva? Cómo escuchamos en el Evangelio Santiago fue, quizás, uno de los tantos que esperaban que Jesús sería un héroe que los libraría de la opresión imperial de Roma, sin embargo, cuando reconoció que el poder de Jesús trascendía todo lo temporal, se aferró a su gracia y vivió abandonado a ella, cómo podemos constatar en el libro de los hechos cuando se nos narra su martirio (Cf. Hch 12, 1-2). Prefirió ser fiel a Cristo más que a su propia vida.

Así también nosotros, somos llamados a seguir a Jesucristo, no tanto por lo que nos puede dar, sino por lo que ya nos dio. Por Él todos nosotros «recibimos la salvación, el perdón de nuestros pecados» (cf. Hch 10, 43 / Lc 1, 77). Padre permítenos gozarnos en lo que ya has hecho en nosotros, si comprendiéramos un poco más eso, no temeríamos cualquier cosa.

(P. JLSS)

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