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VIERNES – SEMANA XVI DEL TIEMPO ORDINARIO


(Jer 3, 14-17 / Jer 31 / Mt 13, 18-23)

Continuamos escuchando en las lecturas, la clara imagen de Dios nuestro Padre: “Vuélvanse a mí, hijos rebeldes, porque yo soy su dueño, dice el Señor… les daré pastores según mi corazón, que los apacienten con sabiduría y prudencia.” Un gesto similar al anhelo de los padres, cuando tienen un hijo que anda mal, que en lugar de llenarse de ira, se llenan de deseos por verles bien.

Si volvemos al Señor y perseveramos, nos promete por medio del profeta «ya no seguirán la maldad de su corazón obstinado» ¿existe alguna situación que te cueste mucho soltar, con la que batalles mucho? Porque lo que dice Dios es que, si volvemos a Él y allí permanecemos, poco a poco se le irá restando fuerza a esa situación determinada. Quien está demasiado entretenido en algo, termina por interpretar la realidad desde ese punto de vista, como si todo girara en torno a ello.

Jesús llama «dichosos» a “los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto.” Porque tarde que temprano mirarán los frutos de su esfuerzo, Dios nunca nos deja desamparados; quizás pudieras creer que Dios no te esté ayudando con tus problemas, pero quizá la dificultad real sea que no le dejas involucrarse, como si cuando te equivocaras dejase de amarte.

Pidamos al Espíritu Santo que nos dé la capacidad de ser «tierra buena» para el Evangelio, “lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”, Dios no es agiotista, no busca que demos tal cantidad de frutos, lo que le interesa es que el evangelio no quede inerte en nuestro interior. Padre ponemos en tus manos nuestras dificultades, queremos poner toda nuestra atención en tu amor y gracia, porque el que se sabe amado jamás pierde la esperanza.

(P. JLSS)

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