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SÁBADO – SEMANA VI DE PASCUA


(Hch 18, 23-28 / Sal 46 / Jn 16, 23-28)

Quienes hemos participado en Misa, hemos escuchado sin duda el final de las oraciones litúrgicas que hace el Sacerdote, «Si se dirige al Padre: Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…; Si se dirige al Padre, pero al final se menciona al Hijo: Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios…; Si se dirige al Hijo: Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo…» A la cual toda la Asamblea se une respondiendo, Amén. (cf. IGMR 54) Todo por medio del Hijo.

“Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.” Jesús nos invita a confiar en su intercesión ¿hacemos nuestras oraciones confiando en esto? Es decir, pedir en su nombre significa aceptarse amado por el Padre, reconocer su misericordia en Jesús, reconocer que es nuestro salvador, confiar en el Espíritu Santo y desde allí acercarnos a Dios.

Quien cree en Jesucristo, nunca debe quedarse satisfecho en lo que se refiere a encontrarse y dejarse transformar por él, está atento a los medios que él le envía, en la primera lectura escuchamos que Apolo era un erudito en la palabra, sin embargo, no fue soberbio, no se encerró en sí mismo, confió más en Dios que en su erudición cuando “Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con mayor exactitud la doctrina del Señor.” Debemos permanecer abiertos a Dios siempre.

Hemos respondido a tu palabra, en el salmo responsorial: “Dios es el Rey del universo”, reconociendo que todo lo gobiernas, queremos que gobiernes en nuestro interior, que nos invada tu misericordia. Tú eres nuestro Padre, nos sabemos cuidados y protegidos por ti; tu Hijo nos ha demostrado que todos somos hermanos y nos amas por igual, razón por la cual debemos amarles; además, con el Espíritu Santo nos das la fuerza que necesitamos para sobrellevar todo, por Jesucristo que nos ha salvado. Gracias Padre, enséñanos a reconocer nuestras verdaderas necesidades.

(P. JLSS)

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