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JUEVES – SEMANA VI DE PASCUA


(Hch 18, 1-8 / Sal 97 / Jn 16, 16-20)
#Homilia

Muchos de nosotros hemos experimentado, quizá en más de una ocasión, la veracidad de las palabras de Jesús que escuchamos en el Evangelio: “Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.” Mientras uno trata de ser fiel y renuncia a ciertas cosas, los demás pueden hasta burlarse de nosotros pero después, Dios nos deja en claro su fidelidad.

Este es un momento de la historia en el que el mismo ambiente nos pide aferrarnos a Jesús, dejarnos impulsar por su amor, por su gracia; reconocer, que nuestro Padre Celestial está con nosotros y él es fiel; recordar, que a su amor no lo freno ni la cruz ni la muerte. “La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor”

Quien se ha encontrado con Jesús, debe reaccionar impulsivamente, es consciente de que Dios actúa siempre en el momento indicado, también sabe reconocer que lo que pudiera ser interpretado como “dificultad” o “fracaso”, por lo general es una oportunidad que nos da Dios para madurar o crecer en algún aspecto de nuestra vida. San Pablo lo entendió, después de intentar varias veces evangelizar a los judíos reconoció que debía de ir con los paganos, todos sabemos los frutos de su apostolado.

Por ello, ahora Padre, estamos ante ti para preguntarte ¿qué quieres de nosotros? ¿Qué nos estás pidiendo aprender en estos momentos? Contamos contigo y por ello, te pedimos que con la fuerza del Espíritu Santo nos mantengamos firmes y perseverantes en la misión que nos has encomendado, que sepamos aceptar lo que no está en nuestras manos cambiar y ceder, que se haga tu voluntad. Gracias por tanto amor.

(P. JLSS)

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