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DOMINGO VI DE PASCUA


(Hch 8, 5-8 / Sal 65 / 1Pe 3, 15-18 / Jn 14, 15-21)

Después de señalar Jesús que él es el camino, la verdad y la vida; y que quien le ha visto a él a visto al Padre, hace la siguiente promesa: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad.”

En la primera lectura escuchamos que Felipe evangelizó Samaria, que hacía obras prodigiosas el Señor por su medio, “de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.” Sin embargo les hacía falta algo… ya que nuestra fe no se puede basar sólo en conocimiento teórico o en el ser espectadores, sino que nace y se sostiene por la acción del Espíritu Santo.

¿Qué tanto pides a Dios Espíritu Santo que actúe en tu interior haciéndote experimentar el amor que Dios te tiene, su cercanía, su protección? Pongamos atención en las recomendaciones de Pedro: “Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, dispuestos siempre a dar, al que las pidiere, las razones de la esperanza de ustedes. Pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia.” El espíritu de la verdad iluminará nuestra razón, no la descartará… él es el «otro paráclito» que ha sido enviado en favor nuestro.

Padre Bueno, tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, nos prometió al Espíritu Santo, algo que cumplió el día de Pentecostés, en el Evangelio de este día lo dijo: “No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán.” no queremos andar como desamparados Padre, reanima con tu poder todo aquello que el miedo, el dolor o la incertidumbre haya debilitado en nuestro interior y danos tu paz.

(P. JLSS)

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