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SÁBADO – SEMANA V DE PASCUA


(Hch 16, 1-10 / Sal 99 / Jn 15, 18-21)

“Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios.” Estas palabras de San Pablo a los colosenses, deben impulsarnos, más en estos momentos que estamos viviendo, a recordar que le pertenecemos a Cristo y que absolutamente nada puede separarnos de él, ni siquiera la muerte. Esta es nuestra esperanza.

Benedicto XVI lo explicaba de la siguiente manera: «La salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.» (Cf. Spe Salvi, 1)

¿Permites que los problemas, la ansiedad o el miedo nublen tu esperanza? Si la respuesta es sí, pídele al Espíritu Santo que fortalezca tu esperanza y que no permita que olvides las palabras del Señor: “Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo.” Y si le pertenecemos a Jesús debemos ser signos de contradicción (cf. Lc 2, 34), no actuamos como abandonados, sino como quien se sabe acompañado.

Tenemos una meta… cuando vamos a algún lugar de paseo, a los únicos que les preocupa el camino es a los adultos, que lo afrontan o se duermen; los niños por su parte, saben ver por la ventana y disfrutan cada parte del camino porque saben que llegarán a su destino, confían en quien conduce. Padre, tu amor nos acompaña, tu eres quien conduce todo esto, no queremos vivir adormilados, sino conscientes, tu eres nuestro destino, en ti fijamos nuestra mirada.

(P. JLSS)

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