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MARTES – SEMANA I DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 1, 9-20 / 1Sm 2 / Mc 1, 21-28)

Todos nosotros hemos sido salvados por Jesucristo, aceptamos su Señorío en nuestra vida y recibimos el Espíritu Santo, todo esto por puro amor del Padre, la interrogante que hoy nos da la palabra es: ¿te dejas impresionar por la acción de Dios en tu vida o ya te acostumbraste a ella?

En el Evangelio que nos narra el pasaje en el que, el Señor, libera a un atormentado en la sinagoga, y nos dice de quienes fueron testigos de esto, “Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen.” Se cuestionaban sobre el poder y la persona de Jesús.

En la primera lectura, seguimos escuchamos el nacimiento de Samuel (“al Señor se lo pedí), notemos que después de recibir la bendición anhelada sabe reconocer la proveniencia del mismo, muchas veces cuando el Señor realiza algo en nuestras vidas nos entusiasmamos al momento pero pronto pareciera que se nos olvida.

Pidámosle a Dios, ser capaces de reconocer siempre su acción en nuestras vidas; agradezcamos todo lo que nos ha dado, sólo quien es agradecido valora lo que recibe. Padre bueno, gracias por todo lo que nos has dado, no permitas que nos acostumbremos a tus obras… “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros.” (1Tes 5, 16-18)

(P. JLSS)

LUNES – SEMANA I DEL TIEMPO ORDINARIO


(1Sm 1, 1-8 / Sal 115 / Mc 1, 14-20)

Después de celebrar el bautismo del Señor, recordar nuestro bautismo y toda las gracias y bendiciones que éste implica, no nos queda más que repetir con el Salmista: “¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré el cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor.”

Esa alegría debe tener en cuenta las palabras de Jesús: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”, ¿de qué manera he preparado el camino del Señor? ¿Le doy oportunidad de acercarse? ¿Que tanta tranquilidad me da el saber que cuento con Dios?

En la primera lectura vemos a dos mujeres Ana y Peninná; la primera, aún en su necesidad permanecía fiel a Dios; la segunda, en lugar de poner atención en las bendiciones que Dios le hacía, estaba de envidiosa de la otra, no disfrutaba de lo que Dios le daba por envidia… ¿a qué le prestas más atención tú, a las bendiciones o al otro?

Pidámosle a Dios que invada completamente nuestro corazón, para ser cada día más agradecidos, que abra nuestros ojos para reconocer su acción en nuestras vidas y no estarnos lamentando como si estuviéramos abandonados, contamos con Él y quien a Dios tiene, nada le falta.

(P. JLSS)

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